ZAMA | EL INFIERNO EN EL PARAÍSO

'Zama' nos muestra una poderosa crítica a la condición humana, en las que la decadencia, la ambición o la lujuria se entremezclan con la fe en una remota esperanza que actúa como faro en las vidas de los personajes.

ZAMA
Fotograma de Zama | Lucrecia Martel | 2017 | 115 min.

¿Es posible partir de lo real para construir una metáfora que se base principalmente en el realce de la irrealidad de ésta? Zama tiene su origen en la obra homónima de Antonio di Benedetto, en la que Don Diego de Zama -funcionario de la corona española en una remota localidad sudamericana del S. XVIII- espera un traslado a una mejor ubicación. Será en esa espera inagotable donde tenga su fin la esperanza, dilatada hasta el infinito, lo que conducirá a sus protagonistas hacia situaciones límite. Más allá de esta primera aproximación a la historia que nos narra Martel, esta película hará las delicias del espectador por su extraordinaria fotografía y ambientación, lo que permitirá una inmersión completa en el pegajoso entorno que aparece reflejado.

Daniel Giménez Cacho será quién de vida a Zama, en un papel que ha requerido de él todo su potencial físico y mental, apuntalando este proyecto de manera firme en una interpretación digna de ser recordada. En la figura de este funcionario se juntarán toda una serie de pecados que le impedirán llegar hasta el paraíso prometido. Como si estuviera condenado a estar en un purgatorio en vida, la película puede ser leída como un vertiginoso descenso a los infiernos similar al representado por Dante en su Divina comedia.

ZAMA
Fotograma de Zama | Lucrecia Martel | 2017 | 115 min.

Quizás producto de un delirio febril, esta dinámica empapa el film con situaciones que distorsionan la realidad generando monstruos imprevistos. Sería interesante plantearse esa localidad perdida de Sudamérica como una suerte de distopía precisamente por este carácter real pero que sirve como reflexión sobre la sociedad y sus vicios, similar al Jardín de la Delicias de El Bosco. Subyacente a todo esto se pueden ver las luces de una poderosa crítica a la condición humana, en las que la decadencia, la ambición o la lujuria se entremezclan con la fe en una remota esperanza que actúa como faro en las vidas de los personajes.

Esta película es tan real en su presentación que se convierte en el instrumento ideal para dudar de la misma, reforzado por las reflexiones existenciales que verbalizan los protagonistas y la poética de planos como el de un joven jugando con una peonza antropomorfa mientras se está volcando cal sobre dos muertos por cólera. Lo mágico tendrá un lugar esencial en Zama, un hecho que parte del interés de la directora por reflejar esos vestigios de un mundo aún desconocido plagado de mitos y que se verá reflejado con algunas escenas de gran belleza de los indígenas.

La argentina Lucrecia Martel firma su cuarto proyecto cinematográfico tras La mujer sin cabeza (2008); La niña santa (2004); y La ciénaga (2001) habiendo cosechado el éxito tanto de público como de crítica en el Festival de Venecia. Con Zama, la cineasta lleva al límite el género de película de época poniéndonos frente a una película que requerirá de toda nuestra atención. ■

 

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