VUELTA AL SOL: UN CALOR QUE CREA Y DESTRUYE | NICOLAS GROSPIERRE

Nicolas Grospierre presenta 'Heliosophia' en la galería Alarcón Criado, un profundo estudio de los volúmenes y de sus formas, de la incisión de la luz, su capacidad destructiva y la alegoría del recuerdo que genera.

NICOLAS GROSPIERRE
Vistas de la exposición ‘Heliosophia’ en Alarcón Criado. Cortesía de la galería Alarcón Criado.

En la antigua Grecia se adoraba a Helios, dios del sol. Este montaba un carro cargando dicha estrella con el cual iluminaba el mundo al trasladarla a lo largo y ancho de la esfera celeste. Nicolas Grospierre (Suiza, 1975) entiende este mito y lo adapta para crear su Heliosophia, muestra que acoge la galería Alarcón Criado de Sevilla hasta el 18 de noviembre. El hecho de combinar los términos Helios (sol) y sophia (conocimiento) nos abre camino hacia su discurso: el conocimiento de la luz como facultad dicotómica de creación y destrucción.

En esta exposición, el artista transmuta las experiencias fotográficas de su larga trayectoria en un concepto más experimental: las heliografías. Partiendo de un proceso similar a la cámara oscura, coloca un trozo de tela bajo el sol de Varsovia que irá degradando la misma, lo que deviene en la pérdida de su color original. Tomando como punto de partida este método colocará diferentes piezas opacas encima de las telas, consiguiendo así un mosaico de colores, lo que conjuga con el envejecimiento del lienzo. Mezcla así los principios de la fotografía junto al desarrollo de una nueva identidad pictórica, creando una realidad donde aúna ambos elementos. Cabe destacar que estas obras son estudios espaciales, abordando cómo los volúmenes configuran el cuadro en sí. La variable disposición de las piezas, todas muy similares, hacen única a cada obra, pues pese a ser en dos dimensiones presentan cierta tridimensionalidad, dejando patente el estudio de planos yuxtapuestos para configurar profundidad dentro de la misma, siendo distinto cada tratamiento no solo en la colocación de las piezas per se, sino por la acción directa del sol.

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Vistas de la exposición ‘Heliosophia’ en Alarcón Criado. Cortesía de la galería Alarcón Criado.

Grospierre nos muestra una percepción lumínica totalmente dicotómica donde la incisión de la misma crea acusados contrastes. Si bien podemos quedarnos en una apreciación estética –las obras son bellas-, al profundizar somos capaces de comprender la intensidad de lo presentado por el artista. Estamos ante obras destruidas. La luz ha actuado de manera tan agresiva que ha eliminado gran parte del color presente en el terciopelo original. Su tono monocromo se observa ahora alterado hasta el más mínimo detalle, tan solo las piezas que las cubrían pueden hacer que nos aventuremos a imaginar cómo serían en un origen, algo similar a las vitrinas de los documentos, cuyas marcas serán sempiternas. Incide así en esa idea de sol como destructor, al consumir el color original del tejido. Sin embargo también refiere al sol como creador, pues, si bien ha supuesto la destrucción del lienzo original, esto crea una composición totalmente nueva y diferente a las demás. Pese a repetir el mismo proceso paso por paso, nunca podremos conseguir dos obras iguales: ni la luminosidad, la incisión de esta, la disposición de las formas y su opacidad serán idénticas. Por ello se entiende cada obra como un proceso irrepetible en sí mismo, pudiendo incluso hablar de una identidad experimental que se muestra ante nuestros ojos. Algo similar se vio en el expresionismo abstracto y la yuxtaposición de planos cromáticos tratados por Mark Rothko. Dicha composición confundía al ojo, pues al no tener una referencia directa, la distancia entre ambos planos podría oscilar entre el mínimo y el infinito. Los volúmenes del artista suizo repiten esta facultad combinando características geométricas y cromáticas.

Junto a las heliografías encontramos una sala anexa totalmente a oscuras, que tan solo se iluminará cuando entre alguien en ella, revelando así las dos fotografías de antiguos edificios soviéticos que conforman Heliopolis. Configura de esta manera algo íntimo y privado: la memoria y el recuerdo de ambos edificios ahora destruidos.

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Vistas de la exposición ‘Heliosophia’ en Alarcón Criado. Cortesía de la galería Alarcón Criado.

En ellos vuelve a apreciarse ese análisis de la idea de destrucción tan presente en las heliografías. El artista tomará en este caso una ruta distinta, pues no expone las fotografías directamente para crear esa intervención, sino que desecha uno de los procesos de fijado, logrando así la paulatina degradación de la imagen conforme la luz incide sobre ella. De esta manera asistimos directamente al proceso dado en Heliographia: con cambios de forma y color, pues las fotografías, en puro blanco y negro, se ven desvirtuadas conforme pasa el tiempo surgiendo un color distinto al original y una destrucción de la estructura presente.

Las fotografías originales las rastreamos hasta Modern Forms, donde plasma las dos décadas de estudios de la arquitectura soviética. Si bien en este proyecto vemos representaciones bellas y solemnes de lo que pudieran haber sido, en Heliopolis se nos muestra otra realidad; la cara ruinosa de un progreso que se degenera conforme pasa el tiempo y cuyo reflejo en estas fotografías constata el hecho del carácter efímero que presentan dichas ideas de modernidad. Aleja el análisis político y restablece el estudio volumétrico de la arquitectura dando una vuelta de tuerca y orientándonos a pensar sobre la memoria, sobre unos edificios que estaban y ya no, permitiéndonos ver cómo estos se destruyen ante nuestros ojos.

Un detalle a tener en cuenta son las tres carpetas que anteceden a dicha sala, pues estas contienen fotografías no expuestas a la luz del sol. Con ello se mantienen intactas pero inexistentes, pues no han sido vistas por ojo humano. La paradoja radica precisamente en que la única manera de tener constancia de ellas es mediante su destrucción, pues al sacarlas, aunque sea brevemente, a la luz del sol empezaría a consumirlas de manera progresiva: el recuerdo de estos edificios permanece intacto si lo guardamos, pero la única manera de contemplarlos –y casi de certificar su existencia- es destruirlos.

Tanto en Heliosophia como en Heliopolis Nicolas Grospierre nos presenta un profundo estudio de los volúmenes y de sus formas, de la incisión de la luz, su capacidad destructiva y la alegoría del recuerdo que genera. Todo ello con una exposición amable y generosa a la vista que ayuda a profundizar en este experimento lumínico y formal. ■

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Vistas de la exposición ‘Heliosophia’ en Alarcón Criado. Cortesía de la galería Alarcón Criado.

 

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