UN ARTE DE PENSAMIENTO: EL HUEVO SOBRE EL MURO

un arte de pensamiento
John Tenniel | Alice in Wonderland (1865) © John Tenniel.

En la actualidad existe el riesgo de pensar aún que el arte es algo puramente matérico, sin nada más que la presunción de un genio innato que permite al artista tener unas cualidades manuales excepcionales. Esta idea probablemente sea una de las más inconsistentes que se vinculan con el arte y más aún casi un siglo después de la famosa Fontaine de Richard Mutt (seudónimo de Marcel Duchamp) o tras cincuenta años de las Brillo Box de Andy Warhol. Con estas obras quedaba patente que puede ser arte un objeto sin haber sido realizado por el propio artista. Esto nos conduce hacia una pregunta: si el arte no puede entenderse exclusivamente como un proceso técnico, ¿cómo se puede entender el arte?

Para esta pregunta puede haber muchas respuestas pero hay una que es común a todas. El arte es un producto intelectual. Entonces, ¿qué relación ha existido entre arte y pensamiento? Esta respuesta nos podría llevar a un largo, tedioso y tremendamente aburrido ir y venir de fechas, nombres y autores. Por el contrario, hagámoslo más fácil, juguemos a hacer arte, parafraseando al genial Allan Kaprow.

Juguemos a imaginarnos que somos artistas prehistóricos. Sí, esos a los que miramos desde la distancia y que nos producen una mezcla entre rechazo y admiración a partes iguales. Imaginemos que necesitamos representar algo con imágenes y que no importa cómo esté elaborado. Este arte no está tan lejano del arte contemporáneo como podríamos creer, de hecho comparten grandes similitudes. Estos artistas (no debemos quitarle su mérito por no representar con una técnica extraordinaria sus temas cinegéticos) parecen haber hablado en la distancia con el gran chamán, Joseph Beuys, probablemente el artista Fluxus más importante. No distan tanto los bisontes de Altamira con la performance I like America and America likes me del año 1974, en la que el artista alemán se encerró con un coyote durante varios días en una galería de Nueva York. En ese período de convivencia Beuys, apelando a la vinculación entre este animal totémico y el territorio norteamericano, realizó una serie de rituales chamánicos con los que quería interactuar con el animal el cual finalmente se acostumbró a la presencia de Beuys estableciendo lazos de simpatía con él. Esta pista demuestra que estas formas de arte son producto de algo más que una habilidad técnica, son producto del juicio crítico.

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Joseph Beuys | I like America and America likes me (1974).

No hace falta hacer una arqueología del arte para ver que el ejercicio artístico es una forma diferente de ver el mundo, de plantearlo, de cuestionarlo, de sentirlo, de vivirlo. Mirarlo con ojos críticos y creativos es fundamental, es la llave al conocimiento cultural propio del pensamiento humanista: Baldessari, Cattelan, Serra, Camnitzer, Warhol, Meireles o Kosuth lo entendieron así. Por supuesto, no han sido los únicos, antes que ellos muchos artistas reflejaron visualmente ideas y conceptos de su época, plasmaron otras formas de pensar y produjeron maravillosos e inéditos templos de conocimiento que originaron nuevas formas de arte.

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A. Durero | Autorretrato (1498) © Museo del Prado.

Tiziano, por ejemplo, en uno de sus famosos autorretratos, aparece con los materiales de su profesión: una paleta con los colores dispuestos sobre ella y unos pinceles. Este alegato, lejos de defender su labor artesanal, grita a pleno pulmón que el arte es una actividad intelectiva comparable a cualquier otro saber. El descrédito que suponía en su época autorretratarse con unas herramientas de trabajo manual hizo que muchos, como Durero, prefirieran ocultar con guantes incluso sus manos ya que era considerado socialmente bajo, frente a otros sectores liberales como los músicos, políticos, pensadores o religiosos. Tiziano, sin saberlo, fue de los primeros en proclamar el arte de ideas. No nos debe extrañar esta postura en un humanista coetáneo a Leonardo, una auténtica enciclopedia andante del saber renacentista, y que no se avergonzaba de mostrarse como artista.

Frente a estas formas de pensamiento nos encontramos con la visión académica de tradición decimonónica (y que aún se mantiene en muchos sectores) sólo preocupada en la apariencia, “en la seducción de la retina” que diría Duchamp. Este arte podríamos decir que tiende a ser como una caja de galletas profusamente decorada pero completamente vacía en su interior, es decir, un mero envoltorio. Pero con la modernidad los medios técnicos sustituyeron a la mano, el ‘aura’ entorno a la obra desaparece. Esto provocó que el cerebro volviera a ser la herramienta en el artista, probablemente más que nunca. La caída de los mitos previos, el comienzo del arte contemporáneo, de la clara y meridiana voluntad del artista queda expresado así en esta cita sobre la Fontaine de Duchamp (extracto del texto publicado en el número 2 de la revista The Blind Man y escrito por Louise Norton):

Que el Sr. Mutt haya hecho o no haya hecho la fuente con sus manos no tiene importancia. Él la ha elegido.

En este sentido, nos resultaría esclarecedor volver a imaginar: Imaginemos que somos Alicia y nos encontramos en un mundo sin un sentido aparente. De repente encontramos a un enorme huevo subido en un muro en el cual no deja de balancearse. Es Humpty Dumpty y así nos habla en Alicia, a través del espejo y lo que encontró tras él de Lewis Carroll:

Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty- quiere decir lo que yo quiero que diga… ni más ni menos

– La cuestión insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

– La cuestión zanjó Humpty Dumpty- es saber quién manda… eso es todo.

Esta cita (que tanto han estudiado grandes pensadores como Horkheimer o Adorno y nos determina la importancia del deseo y el nuevo rol del autor contemporáneo) parece remitirnos directamente al texto anterior de Louise Norton. Ahora será el artista quien decida qué es arte, y como el famoso huevo de Alicia estipule las reglas del juego decidiendo incluso quebrarlas desde sus cimientos. “La cuestión es saber quién manda…” y ahora quien manda es el artista.

Hete aquí el arte en sí, despojado de artificios y retinas que seducir. Un arte de ideas en mayúsculas. Esa será la puerta que Duchamp abra en el cerrado palacio en que se había convertido la creación artística. La realidad se cuenta con la propia realidad, se acabaron las ficciones, ahora las obras recuperan el habla, están vivas y devuelven el reto de la mirada. El arte se convierte en objeto de pensamiento, lo que, a su manera según cada época, fue en esencia. Ese fue el verdadero arte. Las historias ahora son diferentes, los objetos de las críticas más complejos y la forma importa menos que nunca. Un arte emancipador libre incluso de sí mismo.

Y todo esto… ¿para qué? Para decir que el arte es uno con el pensamiento, es inherente a él ,un creador de opinión crítica que se sirve de la imagen, el lenguaje o incluso la ausencia de todo esto, no para contar una historia sino para preguntarte descaradamente ¿y tú, qué estás mirando? Sigamos por tanto jugando, juguemos a pensar, juguemos a darle la vuelta a las cosas, a preguntarnos por qué. Hacer arte es eso. Reflexionar sobre lo que nos rodea, sobre lo que sentimos, sobre lo que pensamos, sobre qué hemos sido, sobre dónde estamos, eso es hacer arte. Habitar es el verbo de arte, jugar es el verbo de arte, respirar es el verbo de arte, pensar es el verbo de arte; vivir, en definitiva, es el verbo de arte. Hagamos arte, entre tú y yo, creo que nos lo merecemos.■

 

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