TIERRA FIRME | AMISTAD, SEXUALIDAD Y UN GATO MUERTO

El nivel conceptual de Tierra Firme está perfectamente adecuado a su capacidad emotiva, llegando a un equilibrio envidiable que le permiten tratar grandes cuestiones generacionales.

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Fotograma de Tierra Firme | Carlos Marqués-Marcet | España | 2017 | 100 min.

Aún existe en el imaginario colectivo la creencia de que el cine español no está a la altura del resto del cine internacional. La realidad es bien distinta y precisamente Tierra Firme de Carlos Marqués-Marcet desmonta esta teoría a través de numerosos mecanismos, entre los que destaca la falta de convencionalidad con la que trabaja sus historias.

En concreto esta nos presenta a Eva (Oona Chaplin) y a Kat (Natalia Tena), una pareja de jóvenes que viven en los canales que circundan la ciudad de Londres y que se verán aprisionadas por la complejidad de un instinto capaz de hacer tambalear los pilares de su relación: la maternidad. Con la llegada de Roger (David Verdaguer), un amigo de Kat venido desde Barcelona, todo cambiará y se verán inmersos en una marejada de emociones.

Tierra Firme tiene en su carácter coral un gran punto a favor ya que esta historia es similar a un nudo borromeo, no puede ser entendida sin la presencia de uno de ellos ya que se desmoronaría. Podría ser la explicación por la que salvo las radiantes y ajustadas apariciones de Geraldine Chaplin, que hace de la madre de Eva (su hija Oona en la vida real), toda la acción recaiga sobre el trío de jóvenes. En este particular microcosmos creado en torno a ellos se puede ver la tremenda química existente entre David Verdaguer y Natalia Tena, quienes repiten con Marqués-Marcet tras 10.000 km.

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Fotograma de Tierra Firme | Carlos Marqués-Marcet | España | 2017 | 100 min.

Quizás uno de los puntos álgidos de esta especial sintonía se vea en una escena en la que el dolor y la risa se funden para regalarnos una divertida canción dedicada a Chorizo, el gato fallecido de Eva y Kat. Por otro lado tenemos la contención emocional de Oona Chaplin quien será capaz de soportar la parte más dramática del film y salir airosa de ella sin caer en la exageración, a pesar de llorar como una magdalena en numerosas partes de la trama. Mención aparte merece un potente David Verdaguer que se nos muestra en un fantástico estado de gracia con hilarantes intervenciones a la par que profundamente conmovedoras cuando la escena lo requiere.

Lo que revela Tierra Firme es la habilidad que Carlos Marqués-Marcet tiene para tratar las relaciones interpersonales de una manera nada afectada y puramente humana. El nivel conceptual del proyecto está perfectamente adecuado a su capacidad emotiva, llegando a un equilibrio envidiable que le permiten tratar grandes cuestiones generacionales como la capacidad de reinventarse, las crisis de pareja, la homosexualidad o la maternidad sin caer en los clichés que suelen rodear a estos temas. Quizás el éxito de esta propuesta también radique en el manejo insuperable de la distancia por parte del director catalán. Si ya en 10.000 km. nos hablaba de este asunto, en Tierra Firme la distancia aparece en la proximidad de los planos, reforzando una poderosa sensación de intimidad; al igual que la distancia emocional de los protagonistas que tendrá en la metáfora del barco y la tierra firme el ejemplo más claro, regalando un maravilloso catálogo de paisajes físicos y emocionales.

El segundo proyecto cinematográfico de Carlos Marqués-Marcet viene avalado por su anterior proyecto 10.000 km., que tuvo una gran acogida tanto por la crítica como por el público, y que recibió galardones como el Goya a mejor director novel en 2015; la Biznaga de Oro a la mejor película y la Biznaga de Plata al mejor director del Festival de Cine Español de Málaga en 2014 y la nominación al premio Fassbinder a la mejor película revelación de 2015. ■

 

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