SAGRADO CONTEMPORÁNEO | LA TRADICIÓN RELIGIOSA EN EL ARTE ACTUAL

Aprovechando la proximidad de la Semana Santa, desde elRespirador proponemos un acercamiento a algunas de las numerosas obras de arte contemporáneo que toman lo sagrado como eje para la reflexión.

SAGRADO

Uno de los grandes mitos sobre el arte contemporáneo es el aparente rechazo hacia todo aquello que pudiera recordar al arte religioso que marcó gran parte del devenir artístico durante siglos. Por el contrario, asumir esta premisa significaría obviar una parte incontestable de nuestro acervo cultural. Si bien el arte de nuestros días aún conserva el empuje secularizador que puede observarse en toda la Modernidad del pensamiento, éste aún está claramente impregnado por el embriagador olor a incienso que se le presupone a toda obra religiosa.

La contemporaneidad toma este fenómeno como parte del contexto socio-cultural, lo que permite realizar tanto obras con una fuerte crítica hacia el stablishment religioso, como otras en las que se usa el imaginario propio de cada religión y que se ha convertido en un icono popular que no conoce fronteras. Los límites entre el dogma y la herejía son difusos en algunos de los trabajos que seleccionamos, pero sin lugar a dudas representan un punto de vista extrañamente abordado en nuestros días por críticos y comisarios. En concreto tomaremos el caso de la Pasión de Cristo como hilo conductor que nos permitirá conocer el impacto real que la imagen sagrada tiene en nuestros días. Gracias a esta temática se ponen sobre la mesa asuntos como las desigualdades de género, la violencia hacia los otros, la tradición, el poder de los símbolos o la muerte.

Las imágenes dolientes de los cristos y vírgenes presentados durante el Barroco no sólo sirven como recordatorio permanente de nuestra existencia finita sino que ofrecen unas amplias posibilidades de abordar el cuerpo como materia plástica que empuja a su experimentación. Si a esto le acompañamos la teatralidad de los juegos escenográficos, los contrastes lumínicos y la ritualidad podemos leer entre líneas algunas de las claves de la creación más actual.

El Profesor Aaron Rosen concibe como un error de gran calado el pensamiento de que el arte contemporáneo tiene entre una de sus finalidades el ataque hacia lo religioso. Nada más alejado de la realidad, la creación artística, en su absoluta libertad, escoge algunos de los elementos que han dado forma a nuestra imaginación durante siglos y las resignifican ampliando sus líneas de sentido, lo que sin duda enriquece la producción de nuestros días.

 

Pepe Espaliú, Última Cena (1975)

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El artista cordobés Pepe Espaliú (1955-1993) abordó la tradición religiosa desde varias perspectivas que engloban tanto la corporalidad como la dualidad dolor-placer de corte sadomasoquista. Muchas de sus últimas obras estaban marcadas por el pensamiento ascético Sufí, pero siempre tuvo presente el imaginario cristiano, que apareció en numerosas obras como la serie Santos de la década de los 80 o que puede ponerse en relación con las famosas acciones conocidas como Carrying (1993) que tanto nos recuerdan a una procesión.

Sin embargo, la obra que escogemos es una pieza muy desconocida para el público en general y que forma parte de la etapa que pasó en Barcelona en los primeros años de la década de los 70. Tomada en 1975 en el estudio en el que trabajaba situado en la calle Aurora, nos presenta a Espaliú sentado en el centro de una mesa vacía con un mantel blanco sobre ella y rodeado por doce sillas. El artista cordobés elabora una serie de trece imágenes donde ocupa el lugar de cada uno de los apóstoles presentes en la última cena donde Jesucristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, tomando el papel del nazareno en el centro de la mesa mientras levanta una mano en actitud de bendecir y echa la otra encima de Juan, el apóstol favorito. Espaliú se apropia de una imagen muy frecuente de las casas españolas de mediados del siglo pasado en las que era común encontrar una estampa donde se representaba la Última Cena, como recoge Jesús Alcaide en un trabajo sobre los años barceloneses de este artista. Por otro lado cabe destacar el carácter performático de esta pieza a pesar de que se trate de una serie fotográfica y que parece despuntar en esta época en la ciudad condal.

 

Verónica Ruth Frías, La Última Cena (2018)

Verónica Ruth Frías (1975) es una artista nacida también en Córdoba que trabaja concienzudamente sobre los roles de la mujer partiendo desde sus propias experiencias personales y recurriendo a estrategias como el camuflaje o la máscara. En sus obras -principalmente de carácter performático-, se combinan personajes icónicos como Superman, convertido en una SuperMamá, e iconografías religiosas como una versión femenina del Sagrado Corazón de Jesús. Estas imágenes populares conviven con otras en las que podemos rastrear las huellas de lo sagrado como en las video-performances Multiplicación (2017) y Resurrección (2017) o en la acción Leche de artista que bien podría recordarnos a las reliquias medievales de la (supuesta) leche con la que la Virgen María amamantó al infante Jesús.

Al igual que Espaliú, esta artista cordobesa parte de la tradición para presentarnos la Última Cena pero con una visión renovadora de la misma. Tomando como origen la mítica obra homónima de Leonardo daVinci, situada en Milán, Frías toma el papel de Jesús en el centro de la mesa mientras le acompañan doce discípulas que resultan ser artistas, comisarias, galeristas, o  gestoras culturales. Durante unos instantes este tableau-vivant representa de manera casi exacta la composición ideada por el artista del Renacimiento, instante que se ve roto por la entrada en escena de las hijas e hijos de las participantes añadiendo la faceta de la maternidad a esta escena cuya evolución durante los siglos ha sido escasa y que encuentra nuevas lecturas en la contemporaneidad. Así, la obra de Verónica Ruth Frías planta cara al silenciamiento y a la invisibilidad femenina con un claro alegato pasionista en sus vestimentas rojas, símbolo del dolor y la violencia que aquí adquiere además el enfoque de género.

 

Danh Vô, Do you know what she did, your cunting daughter? (2015)

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Esta obra realizada por Danh Vô (1975) refleja gran parte de las inquietudes presentes en otros de sus trabajos. Esta pieza perteneciente al proyecto titulado “mothertongue” fue realizada para el Pabellón de Dinamarca de la Bienal de Venecia de 2015 en el que lo puramente gráfico se une con lo escultórico. El poder del texto, la espacialidad y la violencia cultural marcan la producción de este artista de origen vietnamita quien juega con la hibridación entre obras como las madonnas medievales fusionadas con sátiros grecolatinos, como Dimmy, why yo do this to me? (2015).

Vô es la segunda generación de católicos en su familia y reflexiona sobre la unión entre lo político con lo religioso en su Vietnam natal. Para ello se vale del influjo de los misioneros portugueses durante el s. XVIII durante el auge colonial o la división del país asiático tras la Segunda Guerra Mundial. En este caso un crucificado amputado de origen portugués producido entre los siglos XVI y XVII pende entre un cristal con caracteres grabados por el padre del artista (Phung Vô) y un árbol de teca propio del sudeste asiático. La escultura, de estilo flamenco, establece un diálogo con la materia prima del árbol de teca así como con la grafía. Para el artista, la repetición de estos caracteres recurrentes alude a la relación con su padre, al concepto de otro geográfico y a la incapacidad interpretativa del signo gráfico desconocido. El padre de Vô puede reproducir los caracteres pero desconocer su significación. En ese juego entre la manualidad, la semiótica y las migraciones se inserta esta instalación con un profundo trasfondo religioso en el que el título juega inclusive con extractos de líneas pronunciadas por el demonio en El exorcista (1973).

 

Adel Abdessemed, Dècor (2012)

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Sin duda la obra del artista argelino Adel Abdessemed (1971) tiene como eje central la reflexión sobre la violencia como condición humana, conceptos experimentados en su propia vida que le llevaron a trasladarse hasta Francia debido a tensiones político-religiosas en su país natal. La ironía con la que representa ciertos motivos pone en jaque al espectador que se ve desbordado ante un campo de matojos compuestos por machetes y cuchillos, como en la instalación Axe On (2007), o frente a una barca como las usadas por los inmigrantes para cruzar el Mediterráneo pero cuya tripulación son un gran número de bolsas negras de basura, como la obra Hope (2011-2012).

Otra interesante línea argumental desarrollada por el argelino es la posibilidad de la neutralización de la obra artística dolorosa a través de diferentes grados de estetización. Esta línea de pensamiento, similar a la defendida por el filósofo coreano Byung-Chul Han, sostiene que un objeto desposeído de toda rugosidad es fruto de las necesidades de consumo de un capitalismo extasiado en neutralizar todo aquello que suponga una negatividad. En esta línea podemos leer la escultura Cri (2013), donde se reproduce a la niña huyendo del Napalm fotografiada por Nick Ut durante la Guerra de Vietnam. Igualmente, Abdessemed expone cuatro imágenes del crucificado sufriente ideado por Grünewald para su espectacular Altar de Isenheim (1516), pero lo hace dándole cuerpo mediante concertinas o alambre de espino, que actúa como un trasunto de una corona de espinas actual. El dolor de este cristo es infligido con medios de represión y despojado de cruces, suspendido en el paramento mientras su título, de manera sarcástica, alude a su connotación decorativa.

 

Pedro G. Romero, Archivo F.X.: Tesauro: Bildersturm (1999-)

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Pedro G. Romero (1964) no sólo es un flamencólogo de gran relevancia sino que apuesta por la renovación dentro de este género hacia una mirada contemporánea. Del mismo modo, la obra del artista onubense está atravesada por la iconoclastia. En esta colosal obra archivística recoge testimonios, textos poéticos e imágenes de diferentes sucesos acaecidos durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y algunos momentos de iconoclastia previos al estallido de la misma. Mediante asociaciones libres y en muchos casos poéticas, Romero conecta entradas como la imagen de la Virgen de la Macarena en el cajón en el que se escondió durante el conflicto bélico junto con un texto de George Bataille, autor vanguardista que escribió entre otras obras el libro Historia del ojo (1928) y cuyo episodio final transcurre en la sevillana iglesia del Hospital de la Caridad. La vanguardia artística tomó elementos propios de lo sagrado para investigar en la creación artística como ocurrió en los casos de Picabia o Helios Gómez, quienes supieron ver en este fenómeno un vehículo para el análisis antropológico, político y por supuesto, estético.

El interés por la iconoclastia que muestra Pedro G. Romero se refleja en una reproducción escultórica de los restos de la Virgen de la Hiniesta, calcinada en el incendio de la parroquia de San Julián (Sevilla) en 1932, o en la entrada del Tesauro denominada con la voz alemana Bildersturm, que se usa para denominar a la furia iconoclasta que se desató en la Europa del siglo XVI y en la que aparece la imagen de la Virgen de la Amargura dentro del cajón en el que fue protegida para salvar esta escultura con atribución al círculo de Benito Hita del Castillo de este furor destructivo.

 

Marina Vargas, La Piedad invertida o La madre muerta (2013)

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La artista granadina Marina Vargas (1980) explora lo simbólico a través del cuerpo con una especial atención a la visceralidad del mismo. Para ello se sirve de las grandes obras la historia del arte a las que somete a un particular proceso de deformación e incluso evisceración por el que se revela la condición vulnerable de la corporalidad. Entre estos elementos se encuentras los símbolos relativos al sufrimiento de la Virgen María como es el corazón atravesado por los siete puñales o a una corona de espinas con gran influencia del art decó, como se puede ver en el proyecto Idolatries Force Emblems (2009).

Ahondando en este choque entre la poética del material, la visceralidad y la religión se encuentra esta piedad invertida en la que se enfrentan dos particulares reproducciones de la Pietá de Miguel Ángel. El Cristo es quien sujeta el cadáver de la madre, siendo una inversión del modelo iconográfico, pero el rostro de la virgen moribunda es el de la Santa Teresa de Bernini fundiendo así el éxtasis místico con la experiencia de la muerte. Esta confrontación a los dogmas se une al erotismo que se sitúa entre la muerte y lo sagrado mientras las vísceras se funden con los pliegues barrocos en el sentido deleuziano del mismo, como afirma la propia artista.

 

Bonus track: Guillermo Paneque, Paño de la Verónica (2018)

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Cada año desde 1980, la sevillana Hermandad del Valle encarga a un artista contemporáneo la ejecución de un paño de la Verónica para que lo porte dicha imagen durante la estación penitencial que realizan la tarde del Jueves Santo a la Catedral de Sevilla. El conjunto escultórico es de Juan Bautista Patrone, escultor genovés que vivió entre los siglos XVIII y XIX, a excepción del Nazareno con la Cruz al Hombro que es talla anónima del siglo XVII. Esta Hermandad promueve la unión entre la tradición y la contemporaneidad apostando cada año por un artista diferente escogido por un grupo de expertos, aprovechando su proximidad con la vecina Facultad de Bellas Artes. Por este encargo han pasado artistas de la talla de Ignacio Tovar, Carmen Laffon, Dionisio González o los MP&MP Rosado.

Para 2018 fue designado el pintor abstracto Guillermo Paneque, quien fuera fundador junto con Rafael Agredano y Pepe Espaliú de la Revista Figura. El paño de este año reúne la figuración con la abstracción a través de la interpretación conceptual del paño de la Verónica cobijado en el Museo Nacional de Valladolid, obra de Zurbarán. Mediante el uso de manchas rojas y doradas bordadas sobre el lienzo se plantea la reducción a la mínima expresión de esta iconografía donde el rojo alude a la sangre y la pasión mientras que el dorado parece remitirnos al plasma sanguíneo y a la resurrección en una búsqueda del potencial simbólico de esta obra. ■

 

Perfil del autor

Guillermo Ramírez

Guillermo Ramírez Torres es graduado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y Máster en Arte: Idea y Producción en la misma institución. En el año 2015 obtiene una Beca de Colaboración realizando diversas tareas dentro del Departamento de Escultura e Historia de las Artes Plásticas de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Es uno de los directores y editores de la revista de arte elRespirador, tarea que compagina con proyectos de diseño editorial para diferentes entidades como la Diputación de Sevilla o la Fundación de Artes Plásticas Rafael Botí (Córdoba).

Recientemente ha realizado su segunda exposición individual bajo el título Hasta que cae el andamio en el Espacio Laraña, donde reflexiona sobre conceptos como el cuerpo en ruinas, la enfermedad y la vulnerabilidad. Del mismo modo ha participado en varias exposiciones colectivas entre ellas en las subastas benéficas SOLIDOWN II y III, en la galería ELBUTRÓN; en la muestra Agarrar el agua, y sin embargo se mueve, en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), o en el XXII Certamen Nacional de Artes Plásticas, convocado por la Universidad de Sevilla, donde fue uno de los artistas finalistas. Así mismo, obtuvo una de las Menciones de Honor en el XV Certamen de Creación Joven convocado por el Ayuntamiento de Sevilla. Durante el año 2016 realizó una residencia artística en el C.A.V. La Neomudéjar.

En la actualidad cursa el programa de doctorado Arte y Patrimonio de la Universidad de Sevilla, así como el Máster en Filosofía y Cultura Moderna de esta misma institución.

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Imágenes

  1. Verónica Ruth Frías | La Última Cena (2018) © Fundación Rafael Botí. Cortesía de la artista.
  2. Pepe Espaliú | Última cena (1975). Cortesía Centro de Arte Pepe Espaliú, Córdoba.
  3. Danh Vô | Do you know what she did, your cunting daughter? (2015). Cortesía de Contemporary Art Daily.
  4. Adel Abdessemed junto a su obra Dècor, 2012.
  5. Pedro G. Romero | Archivo FX: Tesauro, Entrada para Bildersturm. Postal con la imagen de la Virgen de la Amargura en el cajón donde estuvo oculta durante la Guerra Civil.
  6. Marina Vargas | La piedad Invertida o La madre muerta (2013). Vista de la exposición: ‘La muerte por las manos’, Galeria Javier Lopez & Fer Francés. Foto: Salvador Cuevas.
  7. Guillermo Paneque | Paño de la Verónica (2018). Foto: Guillermo Ramírez Torres.