ROBERT CAPA: UN RETORNO MUY ESPERADO

Capa vuelve a Sevilla de forma simbólica, gracias a CaixaForum Sevilla, para mostrar que el conocimiento intuitivo que comenzó a desarrollar aquí, lo puso en práctica en los años próximos, en distintas partes del mundo y a todo color.

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No pienses que es en forma de soberbia exposición la primera vez que Robert Capa ha estado en Sevilla. El multitemático fotoperiodista fue, qué duda cabe, polifacético dentro de su género, algo que se explica, en base, porque cuando algo apasiona, se vive de forma despreocupada y sin miedos. Este pensamiento le sirvió para hacerle llegar a lo más alto, de un lado, pero por el otro, permítanme la expresión, lo “quitó del medio”.

Comprometido socialmente, se involucró de forma desmesurada con sus creencias personales, acompañando de grandes ideales la carencia reflexiva, y esto demanda vivir la experiencia de forma insolente, algo que es de incalculable valor para un teórico que intente medir su vida en anecdóticos hitos.

De este perfil de arrojo que se percibe, suceden distintas anécdotas significativas, entre las que está su paso por esta ciudad, justo en un periodo en que Sevilla se muestra especialmente esplendorosa, sus Fiestas de Primavera.

El personaje de Robert Capa, creado junto a su compañera Gerda Taro, como prestigioso fotógrafo estadounidense, le permitirá conseguir célebres trabajos como freelance y viajar a primera línea de batalla de las principales guerras del siglo XX, pero también, antes de estos acontecimientos, lo trajo a esta ciudad como reportero para la revista Voìla.

De tal experiencia no sólo se conserva un valioso material fotográfico, sino escritos descriptivos de cómo Capa observa que el sevillano vive sus Fiestas. No en vano, es muy representativo de ello la anécdota de cómo el famoso fotógrafo tuvo que huir de Sevilla al ver que de las infinitas celebraciones -públicas y privadas– a las que su benefactor burgués, en cuya casa se alojaba, le invitaba, le iba a suponer una verdadera ruina económica. Ocurrió en el año 1935, y fue su primer contacto con este país, al que volvería un año más tarde, con motivo de la Guerra Civil.

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De este periodo en Sevilla poco se sabe. Sin embargo, dio como resultado un trabajo de fotoperiodismo de juventud, experimental, de difícil acceso y fundamental para conformar el estilo omnipresente, silente y fugaz que le caracteriza.

Las imágenes que captura saldrán a la luz en el número 263 de la revista Voila, a partir de una serie de artículos que el periodista Chaves Nogales publicase entre marzo y abril de 1935, en su periódico, Ahora. Estas crónicas dieron paso a que la publicación francesa se interesara en mostrar imágenes expresivas, con trasfondo social, que reflejasen las tensiones políticas vinculadas a la Fiesta. En ellas, se puede ver al pueblo rebosante de fervor, palios engalanados portando ricas vírgenes o nazarenos borrachines que salen de su fila para beber un chato de vino.

El hecho es que cuando Robert Capa llega a Sevilla, apenas cuenta con 22 años, y es la primera vez que trabaja como enviado especial. La idiosincrasia y el contexto provoca en él un gran impacto y esto se muestra en su trabajo. Convierte a Sevilla en el escenario de sus inicios, donde queda patente su modo de ejecutar posterior.

En las imágenes que resultan de esta aventura, queda clara la intención de congelar la vida en el tránsito ceremonial, y se centra en el lado humano de los acontecimientos, algo que se tornará habitual en su obra. Le da especial importancia al gesto, a lo anecdótico. Capa humaniza y huye del tópico.

Andalucía, en cualquier caso, fue crucial para la carrera de Robert Capa. En este lugar, su fotografía da el primer paso hacia el optimismo, una constante en su trabajo posterior. Amó la ciudad, su inconformismo, y eso queda reflejado a través de apabullante compromiso sensible que denota su trabajo. Veintitantos archivos de esta aventura quedaron como propiedad de la Agencia Magnum, y en ellas muestra, según las propias palabras de Capa, “La fiesta más sagrada a la vez que más profana del mundo”.

Más de ocho décadas después, Capa vuelve a Sevilla de forma simbólica, gracias a CaixaForum Sevilla, para mostrar que el conocimiento intuitivo que comenzó a desarrollar aquí, lo puso en práctica en los años próximos, en distintas partes del mundo y a todo color. ■

 

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