UNA CONVERSACIÓN INESPERADA | QUINTANA Y MEDIAVILLA EN LA GALERÍA BAT

La Galería BAT Alberto Cornejo presenta la muestra “Ciclo: Diálogos VII”, creando una consonancia entre dos exposiciones simultáneas: “Déjà vu” de Marc Quintana y “En el bordillo” de Manuel Mediavilla.

MEDIAVILLA

Cuando en 1944 Jean-Paul Satre escribió A puerta cerrada creó un mundo icónico: tres personajes reunidos en una sala en una suerte de eterno castigo infernal. Su pena no eran látigos ni tenazas, sino cada uno entre ellos. Sartre planteaba una realidad desoladora en la que cada persona era un insondable abismo para otra, “el Infierno son los demás”. El francés explora esto en su obra mediante el diálogo, herramienta básica de comunicación planteada ahora como un arma de doble filo, pues frente a la ‘básica’ idea de emisor-receptor, da una mayor significación al mismo, al presentarlo como la expresión de la realidad de cada uno, una suerte de introspección a voces.

Más allá de la condena, la Galería BAT Alberto Cornejo presenta la muestra Ciclo: Diálogos VII, creando una consonancia entre dos exposiciones simultáneas: Déjà vu de Marc Quintana y En el bordillo de Manuel Mediavilla. El mismo título de la exposición aventura lo encontrado; ambas muestras se relacionan entre sí creando dicho diálogo, estableciendo una comunicación directa y palpable. Si bien siguen algunos preceptos establecidos por Satre –aquella ‘introspección a voces’-, no se presentan como infiernos personales sino como realidades heredadas de un mundo interior.

En Déjà vu, Marc Quintana aúna la abstracción con componentes figurativos. El contraste resulta destacado cuanto menos, pues crea campos, manchas de color en distintos escenarios a los que suma una figura, sujetos con la cara tapada, sin rostro alguno. Si bien a priori podemos pensar que dicha unión no funciona, el artista consigue configurarla como un todo al utilizar la abstracción como medio y como fin en sí mismo, pudiendo observar cómo aquellas reminiscencias urbanas al grafiti se integran con la imagen mediante elementos puramente geométricos: pequeños círculos, líneas, otrora una retícula… Esta sutil geometría actúa como puente estabilizador entre figura y abstracción.

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Quintana modula así espacios dinámicos donde las mencionadas retículas pueden formar parte de la sección abstracta, al no representar una figura como tal, o de la figurativa en sí al ayudarle a configurar un espacio y dar un toque de color. Actúa como puente para ayudar a componer la obra creando una suerte de escenografía para su habitante figurativo. El artista nos dirige así a un mundo deshumanizado, una pantomima donde las personas, con sus propias palabras, se convierten “en elementos seriados de grupos mayoritarios y en individuos sin vez” donde la urbe no es sino el escenario en el cual nos movemos.

Por otra parte, En el bordillo de Manuel Mediavilla, da una visión un tanto más optimista presentando la piscina como una pseudofantasía donde el juego es elemento central sobre el que pivota su iconografía. En sus obras, agua, nadadores y animales se dan la mano para crear un espacio silencioso por completo ajeno a nosotros, sin embargo, lo abrazamos como veraz dentro de su propia realidad.

Para la creación de esta fantasía asume el cuerpo humano -masculino- como tradición clásica, un porte atlético y solemne con una gran sensualidad que proyecta hacia el exterior. Frente a esta carga tan fuerte, ese cuerpo poderoso y proporcionado, nos enfrentamos al silencio. Un silencio desolador asiste todas sus obras que, si bien pudiera parecer inhóspito, no hace sino referirnos a la intimidad, mostrando la fuerza de una vida interior ajena a todo tipo de sonido para comunicarse.

Los mismos animales acompañan a las figuras tomando esa solemnidad como medio de comunicación. Contrapuestos a los hombres, su más ruidosa presencia es símbolo inequívoco del pensamiento irracional transmitido por el artista, la confrontación a los proporcionados cuerpos masculinos en forma de animales cuya actitud reitera de manera continua esa identidad del juego.

Tanto Déjà vu como En el bordillo presentan realidades distintas, realidades excluyentes al tener en cuenta que pertenecen a mundos totalmente distintos: la realidad de sus autores. Esos mundos presentan unas concepciones propias puramente características, esferas de consciencia totalmente diferentes entre sí.

Ante esta premisa, la diferencia entre ambas provocaría un roce del que pudieran no salir bien paradas. Sin embargo, el choque entre ambas no genera una repulsión, al contrario, ambas existencias parecen coordinarse, pese a discurrir de manera paralela, llega un punto en el infinito donde ambas se tocan, punto promovido y gestionado en forma de diálogo.

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Esto se debe a que la diferencia de forma queda en un segundo plano frente a un concepto mucho mayor el cual actúa como aglutinante. Respecto a la forma, somos capaces de encontrar correspondencias, sobretodo cromáticas, sin embargo sin nimias comparadas con la introspección promovida por las obras, por permitir ese acercamiento casi de forma obligatoria para poder entender ambos universos. Quintana y Mediavilla crean mundos llenos de consideraciones propias, crudeza el uno, sensibilidad el otro, pero con ese común elemento de seducción para atraernos a su mundo. De esta manera se crea una correspondencia mediante la cual la introspección del espectador cobra un papel capital, pues debe acercarse a ambos mundos.

Las dos realidades quedan convertidas así en algo tangible dentro del espacio que las cobija, permitiéndose dejar las consideraciones formales de lado fomentan el acercamiento directo del espectador, haciendo se plantee sus realidades dentro de ambos mundos y consiguiendo que sea, no ya solo puente, sino parte activa de ese centro común.

Quizá Sartre se equivocara. Quizás no. Quizás el Infierno está en los otros, pero nunca podremos saberlo si no nos aventuramos en el ignoto mundo que somos nosotros mismos. ■

 

Perfil del autor

Fernando S. Morote

Fernando Sánchez Morote es graduado en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla. Actualmente crítico en elRespirador, también colabora en el programa Toda una Amalgama donde dirige la sección La galería del mecenas, tareas que compagina con varios proyectos de comisariado y gestión cultural.

Interesado por la mitología y el arte emergente, su línea de investigación se abre a estudios de mitología contemporánea, tema –entre otros- que le fascina. Ha ayudado e intervenido en el montaje de diversas exposiciones tales como La noche vuelve a ser noche en la galería Alarcón Criado o El papel del artista en la galería Rafael Ortiz, entre otros.

Más información

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Imágenes

  1. Manuel Mediavilla | ‘Tres eran tras’ (2018).
  2. Marc Quintana | ‘Untitled’ (2018).
  3. Vistas de la sala expositiva.