PALABRA, RUIDO Y ABISMO | DÉNES FARKAS EN ALARCÓN CRIADO

La galería Alarcón Criado acoge 'La noche vuelve a ser noche' de Dénes Farkas, proyecto inspirado en la novela 'An Unneccessary woman' traducido al español cómo 'La mujer de papel', del escritor libanés-estadounidense Rabih Alameddine.

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Vistas de la exposición | Cortesía de Alarcón Criado.

La palabra es un elemento que siempre ha gozado de gran poder, capaz de enaltecer el más miserable de los espíritus o degradar la más importante de las almas. Tal poder atesora que su mera pronunciación distorsione la realidad generando un ruido; ruido como la voz de Ira Lombardia saliendo de un radiotransistor.

Esta voz recita y acompaña a quien entra en la galería Alarcón Criado. En ella encontramos la exposición La noche vuelve a ser noche, de Dénes Farkas (Hungría, 1974). De esta manera la voz nos irá acompañando a lo largo del trayecto, sin embargo se torna en cierto elemento disonante, pues no permite la contemplación calmada. Así es como el artista nos presenta uno de los ejes vertebradores de dicha exposición: el ruido, pero no entendido como algo natural, sino como elemento propio del fallo, como algo artificial, pues dicha obra representa una traducción al español de La mujer de papel, libro crucial en la actual inspiración del artista.

Este libro trata la historia de Aaliya, una mujer de setenta años que, desde su apartamento en Beirut, ha dedicado gran parte de su vida a traducir libros al árabe. Si bien en un principio es un trabajo encomiable, cuando entendemos que lo hacía por el simple placer de poder hacerlo cambia radicalmente la percepción sobre ello, pues ya no es un trabajo sino una afición, revistiéndose así de la importancia que da el ocio, puesto que estos libros no serán publicados sino guardados en su mesita de noche, convirtiéndola así en una suerte de archivo. Las suyas no serán meras traducciones de un texto sin más. Para hacerlas utiliza traducciones previas de dicho texto –traducciones al francés e inglés- y las comparará para configurar un texto único.

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Vistas de la exposición | Cortesía de Alarcón Criado.

Dénes Farkas queda fascinado por esta idea, pues las traducciones conllevan en sí un ligero matiz de error; ese ruido no es sino la pérdida de identidad del texto, el fallo de la traducción; ésta podrá ser exacta, pero no reviste de la misma identidad del original. Palabras con significados distintos, ideas traducidas pero no transcritas como en origen, pequeñas variaciones erradas sobre una idea original, todo ello reitera esa idea de fallo la cual podemos extrapolar a un concepto plenamente humano.

Por ello mismo, al fondo del espacio encontramos una pared plagada de cuartillas escritas a máquina cuyas frases contenidas están sacadas directamente del libro. Su producción responde a un interés por mostrarnos cada una como una identidad en sí misma: cada letra, cada palabra ha sido impresa con una presión, velocidad y distancia única e irrepetible, pero de manera imperfecta para hacernos ver cómo esa idea de originalidad se diluye en el campo de la traducción. Se muestran sin embargo como partes de un mismo libro, desperdigado y deshojado pero todavía completo, recalcando una idea: todas las hojas pertenecen a un mismo concepto.

Con una intención similar se disponen las instalaciones en mitad de la sala. Las estructuras de metal, de nombre How-to-calm-yourself-after-seeing-a-dead-body, soportan múltiples espejos con fotografías pegadas en ellos –impiden así se puedan ver por detrás o transparentar las mismas. Estas son imágenes de la Bóveda Global de Semillas en Svalbard, el Centro Internacional de Investigación Agrícola den las Áreas Secas en Líbano y el Nlvailov Instituto de Recursos Fitogénicos en San Petesburgo, bancos de semillas visitados por el artista, donde pudo ver cómo las atesoraban con preciado mimo, al ser botes salvavidas en caso de apocalipsis o pura destrucción de una de las especies allí conservadas, en cuyo caso se podrían ‘resucitar’ con la porción de ADN contenida en dichos búnkeres. Los bancos de semillas se convierten así en lugares no de archivo, sino de colección. Dénes Farkas lo relaciona de manera directa con el mencionado libro, pues las semillas responden más a un esquema de acumulación que otra cosa, al más puro atesoramiento de objetos preciados como ya haría la traductora Aaliya.

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Vistas de la exposición | Cortesía de Alarcón Criado.

Aun así, las fotografías parecen querer trasladar una idea de archivo sobre la de colección, una idea de orden milimétrico presente en la cuidada disposición de la fotografía. Es así como el artista juega una vez más con nosotros, pues revierte esa a priori idea de ordenación al entremezclar las fotografías de cada lugar, logrando así una amalgama de imágenes no relacionadas entre sí pero conectadas por un concepto común. Junto a esto dispone una instalación basada en estructuras de metal y tubos de neón en extremo similar a las estanterías donde se apilan las semillas, recalcando así la acumulación ya vista en sus hojas escritas y que engloba el conjunto de todas las obras bajo el mismo título: How-to-calm-yourself-after-seeing-a-dead-body.

Al espectador avispado le cabría preguntarse el por qué, o más bien para qué, ¿cuál es la utilidad de tanta acumulación? Tanta semilla dispuesta una junto a otra responde a una clara idea: supervivencia. Los bancos de semillas fueron creados para garantizar la supervivencia humana en caso de catástrofe biológica. Se añade esta idea a la de acumulación, pues supone así un presagio preapocalíptico, visiones de un muy probable y horrible futuro.

Ello enlaza con la inmensa fotografía que preside la sala. Esta presenta un edificio en la más excelsa de las ruinas. La historia reside en la normativa de su país, el cual permite no pagar impuestos por construcción hasta haber finalizado la misma, por tanto se crean edificios anexos nunca terminados para así evadir impuestos. La imagen se ve así como un objeto creado para la única utilidad de fallecer, un cadáver de lo que podría ser la civilización.

La última sala nos da muestra de esto mismo al poner tamaña fotografía en un espacio aparte. Dicho espacio resulta pequeño teniendo en cuenta las proporciones de la obra en relación al el espectador. El ambiente casi claustrofóbico nos acompaña, haciéndonos sentir completamente diminutos ante la puerta helada cuyos cristales de hielo reflejan en la fotografía, reiterando esa idea de fallo y situándonos frente a la puerta de un desconocido abismo postapocalíptico que comenzó con la acumulación de unas cuantas semillas. ■

 

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