MARÍA CAÑAS | ESCRIBIENDO UN PALIMPSESTO INFINITO

"Me siento como una hacker cultural que saquea iconos y genera relatos a contracorriente. Soy una defensora a ultranza de la no privatización y la liberalización de nuestra memoria histórica e imaginarios".

MARÍA CAÑAS
Retrato de María Cañas © Paula Rosell. Cortesía de María Cañas.

Entrevistamos a María Cañas (Sevilla, 1972) video-guerrillera, Virgen Terrorista del Archivo, salvaje mediática, caníbal audiovisual y un sinfín de epítetos más que describen a la perfección a esta artista que no deja indiferente a nadie. En su trabajo se combina lo grotesco con la cultura de masas sin caer en la banalidad que suele ir aparejada esta última. La gran carga irónica de su obra deconstruye los mitos de la sociedad moderna para devolverlos al mundo como seres mundanos, cargados de patetismo que suele ser contrapuesto con altas dosis de humor. Su trabajo parte de los restos audiovisuales que nuestra cultura de masas devora al instante, edificando así un retrato social con altas dosis de crítica con la que elabora un discurso preeminentemente actual y reflexivo.

Ha expuesto sus trabajos en los más prestigiosos centros de arte tanto nacionales como internacionales, destacando el proyecto ‘Risas en la oscuridad’ que pudo verse en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) en 2015. En su amplio currículum que avala más de veinticinco años de trayectoria se encuentran premios otorgados por entidades como HAMACA, Márgenes, el Festival de documental Punto de Vista de Pamplona o el Festival de Cine de Gijón. Del mismo modo colabora asiduamente con el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF), habiendo sido destacado su trabajo por numerosos críticos.

 


 

P. Te autodenominas “La Archivera de Sevilla”, coleccionando innumerables documentos de todo tipo. En las últimas décadas ha habido una creciente fiebre por el archivo como vehículo artístico que ha desembocado en numerosas obras y exposiciones. ¿El archivo es una moda o un modo de vida?

R. El archivo no creo que sea una moda puesto que las modas son transitorias, mientras que los archivos tienen aspiración de eternidad. Aunque hoy existe una corriente conocida como “cultura de archivo”, de gran influencia en la creación actual. En mi caso el archivo no es solamente un modo de vida, como acertadamente preguntas, sino una obsesión, una prolongación de mi personalidad. Internet es un archivo infinito y bárbaro, pero tiene una limitación importante: solamente guarda bits, no átomos. A mí me gustan tanto los bits como los átomos, por eso acumulo compulsivamente decenas de discos duros rebosantes de información, pero también objetos, libros, dvds, VHS, Mini DV, S8, fotografías… Mi archivo es del caos, patafísico, surrealista, orgánico. A lo Jacques Derrida […] el archivo en tanto que “anarchivo”, un archivo sin mandatos, que no sea necesariamente positivo y que no pudiera ser utilizado por las “distintas policías” como sistema de control. […] un archivo contra el archivo con el que […] abordar temas transversales para describir la realidad.

Padezco síndrome de Diógenes y ciberdiógenes. Creo que con el mal de archivo me podría llegar a pasar lo que a Don Quijote con las novelas de caballerías. Me identifico mucho con algo que dijo Azorín sobre Ramón Gómez de la Serna: que era un “psicólogo de las cosas”. Ramón, por cierto, también era un gran acumulador de toda clase de objetos. Y yo como tantos otros, compruebo que contengo multitudes. Como Arthur Cravan siento que: “¡Soy todas las cosas, todos los hombres y todos los animales!”

P. Decía Walter Benjamin que el artista podría ser visto como el trapero de la historia, recolectando fragmentos con los que poder crear. ¿Es más fácil crear en nuestro tiempo?

R. Siempre tuve alma de trapera. Soy acumuladora y recicladora desde que tengo uso de razón. Creo que guardar cosas y crear espantan a la muerte. Pienso que la pulsión creadora y el arte como necesidad espiritual y vital existen y existirán desde la Prehistoria y en cualquier tiempo. El arte es una herramienta de salud mental y social. Aporta las endorfinas necesarias para superar el dolor de la vida. Para mí, no tienen importancia los medios técnicos o formatos (hago amalgamas con lo que me da la gana), solo la sustancia. Sólo cambian los modos de creación, los materiales, los canales de difusión, etc. Además hoy queda lejos el mito elitista del artista romántico, y el “todo hombre es un artista” de Joseph Beuys, impera en nuestra sociedad de prosumers. Pero apelo a que seamos una resistencia al maniqueísmo, a la espectacularidad gratuita y demás paparruchas engendradas por la industria del entretenimiento digital para que consumamos y nos consumamos. A que generemos ocio amoroso y a la vez terrorífico, que nos haga rugir, porque la revolución no será televisada y se produce en callejones sin salida.

P. Algunos de los mecanismos de los que te sirves para realizar tus obras son el found-footage, el collage o la apropiación. ¿Son los medios de nuestra época?

R. Son algunos de los medios de nuestra época, sí, pero no son los únicos y llevan siglos activando. Lo bueno de nuestro tiempo es que coexisten en él todos los medios del pasado, junto con los nuevos medios que ha traído la revolución digital. Todos los mecanismos que mencionas (found-footage, collage…) son extensiones del arte conceptual. Las imágenes de archivo admiten numerosos significados, como mínimo el original y el recontextualizado. Hoy todos podemos ser archiveros digitales y postproductores. Mi apuesta en torno al ámbito del vivir y del investigar se centra en la experimentación artística a través de la “risastencia” (el humor de todos los colores y sabores), el juego, el Do It yourself (DIY), la agitación y las prácticas colaborativas de las multitudes conectadas, como estrategias de insurgencia o, si no, al menos, de resistencia y supervivencia popular. Practico la video-remezcla política que se introduce en los tópicos y símbolos para dinamitarlos, que reta al mensaje dominante y a los mitos socioculturales instaurados por los medios de comunicación de masas, transformando los discursos oficiales en versiones low-cost de cultura crítica.

Creo en los encuentros inspiradores y activadores gracias al apropiacionismo, la “videomaquia”, la multitudinaria creación de imágenes amateurs populares, las pedagogías transgresoras, el archivo como patrimonio y dispositivo de creación cultural y el remix político de los ciudadanos conectados. En un cabalgar independiente por tierra de nadie al estilo de Alan Moore, Agnès Varda, Martin Patino, Hito Steyerl, Harun Farocki, Werner Herzog… En un juego en el que reír y maquinar a medio camino entre el activismo, el show audiovisual, la agitación cultural y la acción patafísica performancera. En saquear iconos, generar relatos “glocales” a contracorriente y la videoguerrilla que subvierte y revive el archivo on-line infinito y el excedente de imágenes del gran teatro del mundo, que nos harán sentirnos creativos y salvajes a ratos.

P. Tus trabajos a veces están cercanos a lo que Susan Sontag definiría como Lo Camp al nutrirse de la cultura de masas y moverse entre los límites de lo exagerado, lo grotesco y lo irónico, siendo una maniobra contracultural perfecta. Como Video-Guerrillera, ¿necesitamos cuestionarnos más las imágenes que consumimos?

R. No me gusta limitarme a un solo concepto (camp), si te fijas cada vez que me defino utilizo toda una ristra de adjetivos y sustantivos, que con el paso del tiempo va aumentando y sin embargo siempre se me queda corta. Me interesan el camp, el kitsch, el punk, el naif, el pop, el surrealismo, el situacionismo, el barroco, el pulp, etc. Me interesa todo, mezclado y resignificado. También me interesa lo clásico. Lo glocal y lo transnacional. Y en casi todas mis piezas hay citas poéticas. Insisto: me interesa todo. Como de todo. Soy hija de La bola de cristal, de La clave, del cine, pero también me atraen otros discursos televisivos. Como Umberto Eco, no veo ningún motivo para poner una forma de expresión por encima de otra. Lo exagerado, lo grotesco y lo irónico son formas de crear un rápido zarandeo de la conciencia, pero no por ello mis obras están exentas de sutilezas. Cada imagen la escojo cuidadosamente, y le doy mil vueltas a todos sus posibles significados y resignificados cortocircuitándolos.

¿Si necesitamos cuestionarnos más las imágenes que consumimos? Por supuesto que sí, en la situación que estamos viviendo, necesitamos sospechar de las imágenes, agitar el pensamiento crítico, de lo contrario corremos el peligro de ser manipulados. Y todo ello es esencial para reactivar nuestro presente. O nos cuestionamos las imágenes que consumimos o nos terminamos convirtiendo en peleles de los poderosos, pensando como quieren que pensemos. Me fascina el “detritus” audiovisual que nos rodea como herramienta de desarrollo cultural, y siento la necesidad de enseñar e investigar en el reciclaje de nuestros imaginarios, para así transformarnos en seres más libres, críticos y creativos.

Practico videoguerrilla sin fin, rebusco en el vertedero de imágenes de Internet, remonto material de archivo en videocollages, ironizando con transgresiones de discurso y montaje. Me siento como una hacker cultural que saquea iconos y genera relatos a contracorriente. Soy una defensora a ultranza de la no privatización y la liberalización de nuestra memoria histórica e imaginarios. Seamos activistas comprometidos con la cultura libre y con la idea de cultura como construcción colectiva, como contrahistoria, para practicar una cultura de oposición. ¡Vida eterna al dominio público!  Nos corresponde enseñar a personas conscientes y sensibles con lo que ocurre, adaptables a los cambios convulsos y que puedan responder de forma creativa, ecológica y ética a los problemas de nuestro tiempo.

MARIA CAÑAS
María Cañas | Cumbia Against the Machine (2017) | Capturas del vídeo.

P. La revista Fotogramas te incluyó en la lista de los 12 cineastas españoles que deberían estar en Cannes, llegándote a llamar la “Jean-Luc Godard nacional”. ¿Te interesa más la sala de cine como medio para proyectar tus trabajos o prefieres una sala de exposiciones?

R. Me apasiona todo y a la vez. Participo muy activamente en el circuito de festivales, pero también en el circuito artístico, en galerías, salas de exposiciones institucionales y centros de arte. En paralelo, me regalo en Internet y colaboro con numerosos colectivos y asociaciones.

Comulgo con estas palabras de Jean-Luc Godard: “no importa de dónde tomes las cosas, importa a dónde las lleves” Otro de mis principios es el “cine sin fin” de Val del Omar. Y acudiendo a “papá Duchamp”, el “cine readymade”: Cualquier imagen puede ser arte y “el arte es un juego entre todos los hombres de todas las épocas”.

P. Para finalizar, ¿crees que el videoarte aún sigue siendo considerado un género menor tanto para cineastas como para artistas plásticos?

R. Siempre me he sentido extraterritorial, sin límites, me gusta avanzar por tierra de nadie, entre el cine experimental y el videoarte, el documental y el ensayo, la vida y la muerte… gracias a mi fe en el arte. No me encasillo solo en la corriente del videoarte.  Amo ese otro cine experimental y documental social periféricos, la video-remezcla política -found footage- y los homenajeo con pasión.

Si alguien lo considera un género menor, allá él. Yo no considero mayor ni menor ninguna forma de expresión. ¿Qué es mayor o menor, la novela o la poesía? Son medios diferentes. Personalmente me interesa la exploración de los límites de cada medio, llevarlo más lejos, así como la integración entre todos. Si alguien se encuentra a sí mismo siempre pintando cuadros al óleo, ¿qué puedo yo decir? Que lo disfrute. No estoy aquí para juzgar, ni entronizar, ni demonizar. Mi lema es “renovarse o morir”. Como decía Roland Barthes, me paso el día escribiendo un palimpsesto infinito. ■

MARIA CAÑAS
María Cañas | La mano que trina (2013). Cortesía de María Cañas.

 

Más información

Esta entrevista fue publicada originalmente en el tercer número de la revista ARTS (2017). Puedes acceder a la revista de ARTSevilla clickando aquí.

 


 

EXTRA. María Cañas habla sobre el cartel del Festival de Cine Europeo de Sevilla:

El ojo que proyectaba mujeres es un cartel que surge tras 9 meses de gestación. En un obsesivo proceso de creación de fotomontajes apropiacionistas, trabajé con miles de imágenes e ideas, realizando 20 versiones distintas. Tras revisar miles de ellas, escogí esta por ser la que mejor simboliza el espíritu incandescente del cine en resistencia: una mirada en continua reinvención, en forma de parto ocular en el que una heroína resurge del celuloide en llamas, cual ave fénix.  Homenajeo a la estética pulp, tan  cercana a mi adorado cine de serie B. Adquirí la imagen que posteriormente resignifiqué, en un banco virtual libre de derechos, donde no se mencionaba a su autor.  Agradecida, lo homenajeo, y estoy encantada de que esta polémica haya terminado resultando en un reconocimiento de dicho artista en nuestra tierra.

Tras un interesante debate en las redes sociales, no exento de virulencias, en torno a la naturaleza del arte, los límites de la propiedad intelectual, la liberación de las imágenes en internet, el plagio, la reinterpretación, el apropiacionismo, y, sobre todo, el humor, la “risastencia”, el ciberdislate, el poder del meme, el fake y lo viral en nuestro tiempo, el cartel se ha convertido en un icono popular mutante y transgresor.

María Cañas

 

MARÍA CAÑAS
Versiones descartadas de ‘El ojo que proyectaba mujeres’, cartel del SEFF 2017.
MARÍA CAÑAS
Pruebas finales descartadas del cartel del SEFF 2017.

Algunos de los memes que circularon por las redes sociales a raíz de la polémica del cartel diseñado por María Cañas para el SEFF 2017:

MARÍA CAÑAS MARÍA CAÑAS

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