LA VISTA HA MUERTO. RECEMOS POR SU RESURRECCIÓN

“El acto de mirar en sí mismo, sin un artilugio fotográfico, está en peligro de extinción. Nos hemos convertido en enfermos, en adictos; no concebimos la idea de vivir sin capturar aquello que vivimos”. Por Alicia Palacios-Ferri.

la vista ha muerto

Vamos conduciendo por la montaña a media noche y algo deslumbra en la carretera. Frenamos con recelo y observamos con asombro cómo los faros del coche alumbran una manada de ciervos que cruza la travesía. Nos falta tiempo para buscar la cámara. Cuando vayamos a dormir tendremos imágenes de unos ciervos que cruzaron frente a nosotros; imágenes que tendrán más importancia que el propio acontecimiento. Tendremos una instantánea de un momento que no supimos vivir. La realidad nos mira y nosotros sólo nos atrevemos a fotografiarla.

Italo Calvino habla sobre este fenómeno en su libro Gli Amori Difficili[i], específicamente en uno de sus cuentos titulados “La aventura de un fotógrafo”. En él explica la insaciable necesidad de captar aquello que vivimos para que la vivencia se haga tangible y tengamos las imágenes como prueba de lo vivido. Como si el no tenerlas le restara importancia a las vivencias, haciéndolas incompletas, inciertas. Cuando algo ocurre ante nosotros adquirimos el espíritu de un pintor renacentista: sacamos la cámara en lugar del pincel y captamos lo que nos sirven ante nosotros, como si lo que ocurriese estuviese ocurriendo a propósito para que nosotros lo inmortalicemos[ii].

Este fenómeno es denominado “fantasía de autoexclusión de la escena”[iii], que puede ser definido como el debilitamiento de la conciencia del entorno y de la propiocepción corporal[iv]. Una manera sencilla de explicarlo sería el teatro, porque nos convertimos en espectadores de una realidad que hemos teatralizado. Puesto que no la tratamos como una realidad en sí misma, sino como una actuación que se representa ante nosotros. Nos situamos inconscientemente fuera de campo, creando una distancia con el acontecimiento del que realmente formamos parte[v].

Sin embargo, al colocarnos como espectadores estamos ante una pérdida de conocimiento, puesto que el espectador se queda en la apariencia, ignorando cómo sucede o las consecuencias del suceso[vi]. Además, se pierde el poder de la acción. Porque, a pesar de que fotografiar sea en sí una forma de actuar, no es más que otra forma de mirar; pero mirar a través de un artilugio.

El ojo y el objetivo se alinean como un eclipse lunar y al igual que la luna obstruye la luz del sol, la cámara fotográfica ha eclipsado el ojo humano. La fotografía se convierte en el nuevo sentido; la vista se ha visto emplazada e inutilizada por la cámara. La vista ha muerto, lo que vemos carece de valor si no somos capaces de fotografiarlo. Ya no nos atrevemos a dejar una imagen para el recuerdo. Nos aterra que la memoria la construya y reconstruya a su antojo.

Nuestra relación con lo real se queda limitada a una fotografía. El acto de mirar en sí mismo, sin un artilugio fotográfico, está en peligro de extinción. Nos hemos convertido en enfermos, en adictos; no concebimos la idea de vivir sin capturar aquello que vivimos. Tendremos que viajar a los más profundo del Amazonas, a las zonas más olvidadas del mundo donde los individuos aún se sorprenden por divisar una máquina fotográfica, para encontrar una mirada humana que aún sabe mirar por sí misma.

Una de las más crueles torturas actuales sería enviar a una persona por un viaje alrededor de Europa y prohibirle hacer fotografías de los lugares que visita y de las vivencias que disfruta en el extranjero. Toda adicción debe ser combatida, ¿y qué mejor que un campamento de rehabilitación sin dispositivos fotográficos? Los integrantes deberían aprender a enfrentarse a la realidad sin nada que se interponga entre el sujeto y el suceso; aunque sientan el espectro de la cámara tirándole de los ojos. Se colocarían en la cima de una montaña adoptando la misma postura que El caminante sobre el mar de nubes[vii], no sólo por la puesta en escena, sino por la ardua tarea de mirar.

Tras superar la adicción volverían a casa y en lugar de tener fotografías que mostrar tendrían historias. Describirían los paisajes como si se lo explicasen a un invidente; para que sienta, al menos, un atisbo del tierno placer de mirar. Explicarían cómo los faros del coche iluminaron los ojos de los ciervos y relucieron en la oscuridad, cómo su pelaje quedaba iluminado conforme cruzaban, cómo uno de ellos huyó por el bosque y su cuerpo interrumpía los troncos de los árboles.

Pero en realidad nada de esto sucedió, porque lo miraba todo a través de una cámara y lo único que recuerda es la satisfacción de haber sido lo suficiente rápido como para inmortalizar aquello que no vivió.

La vista humana es, pues, utopía. ■

 


[i] Italo CALVINO, Gli amori difficili, Milán: Mondadori Italia, 2010.

[ii] Víctor DEL RÍO, “Locus documental: tres enunciados sobre la autorreferencia y la narratividad de la fotografía en escenarios de conflicto”, Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, Universidad de Salamanca, Vol. 27, 2015, pp. 232.

[iii] Ibídem, pp. 243.

[iv] Kaja SILVERMAN, El umbral del mundo visible, Madrid: Akal, 2010, p.136.

[v] DEL RÍO, 2015.

[vi] Jacques RANCIERE: El espectador emancipado, Buenos Aires: Ediciones Manantial, 2010, p.10.

[vii] Caspar David FRIEDRICH, “El caminante sobre el mar de nubes”, 1818 [imagen digital en línea]. Kunsthalle de Hamburgo, Hamburgo. Disponible en: http://www.arteselecto.es/romanticismo/el-caminante-sobre-el-mar-de-nubes-david-friedrich/ JPEG, 1280 px. By 1639 px., 1,4 MB.

 

Perfil de la autora

la vista ha muerto

Alicia Palacios-Ferri (Sevilla, 1995) es graduada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Además de recibir una beca para estudiar un año académico de Artes Visuales en Évora (Portugal) donde trabajó en el ámbito multimedia. Actualmente se encuentra estudiando el Máster en Fotografía, Arte y Técnica en la Universidad Politécnica de Valencia, donde se está especializando en teoría de la Fotografía en el Arte Contemporáneo y Fotografía Profesional. Trabaja en diferentes campos artísticos, tales como el vídeo, la instalación o la performance, pero principalmente su trabajo se fundamenta en la fotografía. Ha participado en diversas exposiciones y ha recibido premios en varios certámenes como en el Certamen de Jóvenes Creadores de Madrid, Valencia Crea o Fundación Blas de Otero.

www.aliciapalaciosferri.com / @palaciosferri

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Imagen

Alicia Palacios-Ferri | Los observadores escoceses (2018). Fotografía analógica. Cortesía de la artista.