¡JODER, SÍ QUE EL ARTISTA ESTABA ENAMORADO!

La erótica puede evocar el impulso sexual o el modo en que uno se cuestiona su identidad. Pero, ¿del amor puede construirse una obra de arte?

JODER
Ary Scheffer | Dante y Virgilio encuentran las sombras de Francesca de Rimini y Paolo en el Inframundo (1855) © Dominio público.

 

El amor, o la cólera infantil, o la vanidad de una
heredera de provincia, o la pornografía clerical, o el
solo de una cantante, hacen divagar a los
personajes olvidados en los apartamentos
polvorientos.

El sol anal. George Bataille.

 

La erótica, o eso decían en mis clases de Historia del Arte, puede estar presente de manera más o menos explícita en una obra, ya sea evocando el impulso sexual o incluso en la manera en la que uno se cuestiona su identidad. Lo que nunca nos dijeron en clase es que del amor puede construirse una obra de arte.

El amor no es un cálculo numérico, muchos incluso dirían que no se puede estudiar seriamente porque compete a esos elementos del alma tan inútiles hoy día; no hay una amorología, o un método de estudio que no conlleve propiamente elementos tarotistas o astrológicos. No obstante, cuando mis profesores pasaban las diapositivas de sus presentaciones, algunas piezas -alejadas ya de aquellos importantísimos datos técnicos como la medida de la obra, que era tan importante o más que el propio hecho de crear del artista. Sospecho que la tecnicidad se nos fue de las manos-, no podían dejar de evocarme cierta perspectiva de creación amoroso-romántica que ni siquiera el silencio de los hechos desconocidos al mundo y la sepultura de la muerte han podido arrancar de los soportes, sus tan íntimas experiencias en cuanto al amor. Ello me venía a la cabeza a las tres de la tarde cuando, además del resuello del hambre y el sueño, se apoderaba de mí un sentimiento, explicado mejor en una expresión latente en el espacio de aquella aula 20: “¡Joder, sí que el artista estaba enamorado!”.

Una de las piezas que personalmente más me estremecían era El ídolo eterno de August Rodin. Esta pieza que formaba parte de La Puerta del Infierno, inspirada en La Divina Commedia de Dante y era muestra de la ruptura con el academicismo debido al inacabado aprendido del propio Miguel Ángel. La brutalidad y erótica desbordante me evocaba cierto acercamiento al propio concepto de amor, un cántico marmóreo al deseo que desencadenaba el animismo modernista, apegado a la oscuridad del alma que Baudelaire expresa genialmente en Las Flores del Mal, el deseo manifestado por encima de la lacónica racionalidad, como si fuéramos aquel “libertino pobre que besa y muerde”[1] de naturaleza malsana.

JODER
Dante Gabriel Rossetti | Beata Beatrix (1872) © Dominio público.

Beata Beatrix de Dante Gabriel Rossetti es otra obra que, debido al gran simbolismo utilizado por el estilo Prerrafaelita, me causaba un estremecimiento propio de lo potencialmente amado, de la estela que deja la evocación de existencias perdidas. En esta obra en concreto, Rossetti simbolizaba la esquela funeraria de su mujer, Elisabeth Siddal, quien se envenenó para terminar con su vida. Gabriel Rosseti, de nuevo aludiendo a Dante, utiliza el retrato de su esposa para simbolizar a Beatrice, la eterna amante del escritor, quien lloraba la muerte de su amada florentina en su escrito Vita Nuova. Este cuadro, lejos de ser la plasmación misma del amor, evoca ese sentimiento de idolatría, de necesidad del otro, como si el amor fuera esa forma inhumana de observar la existencia o inexistencia de la persona amada, tanto que “hasta parece que su boca alienta / un hálito agradable, de amor lleno, / que va diciendo al corazón: ¡Suspira!”[2].

Dejando la tragedia a un lado, cosa difícil porque no hay nada más imposible que no mezclar el amor con el tormento en un alma creativa -algo que podríamos aventurarnos a comparar de manera muy simple con darle a un perturbado dos pistolas. Alguien sale herido. Siempre-, apelaré a la contemporaneidad, acercándonos a lo que de forma  introspectiva podamos sentir como sujetos que, lejos de ser artistas, expresamos. Por ello, la iniciativa que realmente me parece interesante como muestra del amor y el deseo, es una propuesta de Alex Exguerra llamada Love and Paint. En este proyecto de 2010, quiere realiza una representación matérica del amor, por lo que recurre a uno de sus artistas favoritos, Jackson Pollock, para trasladar su técnica a una relación sexual. La idea inicial es simple, el artista reúne a parejas en su estudio y deja a su disposición tres elementos: un lienzo, pintura y su deseo sexual.

De esta manera, a través de la abstracción, utilizando una estética mixta entre el Expresionismo Abstracto y el Body painting, inserta el concepto de sexualidad y erótica de manera matérica, táctil, pero no mimética. Esto es, la utilización del cuerpo extasiado como medio, pincel de la representación erótica, lleva a que cada mancha sea una pincelada-placer, y cada movimiento una expresión de la más íntima relación espacio-cuerpo-pulsión erótica. Así, huellas de manos, pies, glúteos, etc., son la manifestación del eros que, si bien está por encima de etnias, edades u orientaciones sexuales, representa las tensiones de las máquinas deseantes que somos como seres humanos.

Nada más que aportar, sólo que creo que la pintura no es tan cara y que ya venden lienzos hasta en las tiendas “Todo a un Euro”. ■


[1] Charles BAUDELAIRE, Las Flores del mal, Madrid: Editorial Planeta, 2015, pág. 6.

[2] Dante ALIGHIERI, La Vida Nueva, Madrid: Alianza Editorial, 1997, pág. 43.

 

Perfil de la autora

Celia María Valero Amil es graduada en Historia del Arte por la Universidad de Córdoba. Becada Erasmus en Florencia, las prácticas llevadas a cabo en el Uficcio Stampa DEApress le acercaron al periodismo y a la crítica del arte. Posteriormente realizó el Máster de Textos, Documentos e Intervención cultural, llevando a cabo prácticas en la Filmoteca de Andalucía. También ha sido premiada con la I beca Semillero de investigación y ha trabajado como Colaboradora honoraria y alumna colaboradora del departamento de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Córdoba, en el área de Filosofía. Paralelamente ha continuado su investigación sobre literatura erótica y psicoanálisis.

Actualmente realiza el Máster en Arte: Idea y Producción de la Universidad de Sevilla y es colaboradora en la plataforma de arte contemporáneo elRespirador, en la que se encarga de la sección de cine en la revista y de la sección La máquina deseante en la web, donde desarrolla sus conocimientos sobre la erótica.