UNA GÉNESIS PICTÓRICA | SOBRE NICO MUNUERA EN RAFAEL ORTIZ

Nico Munuera nos presenta 'El origen de todo lo posible' como una evolución basada en una vuelta a la idea natalicia de pintura como tal, siendo capaz de establecer elementos complejos fundamentados en conceptos básicos, lo que paradójicamente permite que se revistan de una extraordinaria complejidad.

nico munuera

Pinturas como el oleaje del mar. Lienzos que aparecen inacabados en los extremos. Rojo y dorado por doquier. Ésta es la primera sensación que tenemos al observar la última exposición de Nico Munuera (Lorca, 1974) en la galería Rafael Ortiz. Sin embargo, el primer paso nos acerca a una serie de obras dispuestas dentro de una vitrina: carátulas de un disco de Beethoven a las cuales se les ha tapado el nombre y se les ha colocado una plantilla creando una suerte de sección por cuadrículas. De este modo, El origen de todo lo posible (12 enero-27 febrero) cobra forma. Al establecer dichas cuadrículas, el artista nos presenta un entorno cuasi milimétrico creando correspondencias de color en torno a un patrón concreto, lo que permite un análisis independiente de cada uno a la par que un estudio pormenorizado de los mismos a modo de esquematización básica del color. Junto a estas carátulas encontramos unos moldes de las cucharillas utilizadas para mezclar los colores que protagonizan la muestra. Su apariencia, como hojas recién recogidas, bien pudiera hablarnos sobre la fragilidad de la pintura, dado que pese a su belleza, lucen como si fueran a desmenuzarse en cualquier momento.

Junto a las piezas anteriores destaca un díptico de pequeñas dimensiones. Lo llamativo radica en su disposición, ya que han sido colocadas de modo inverso a como fueron concebidas. Sin embargo, emiten una sensación de continuidad, una lectura para nada disonante que no hace sino demostrarnos las infinitas capacidades del medio pictórico. Así, esta vitrina se configura a modo de génesis, una idea del origen de la pintura para remitirnos a su naturaleza primigenia.

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Este concepto será el eje vertebrador de toda la exposición, puesto que Nico Munuera busca una reinvención de la pintura rechazando -casi criticando- una evolución ‘formal’ de la misma. Frente a evoluciones iconográficas, frente a cambios de apariencia, el artista plantea y busca dicha renovación en el origen de la pintura como tal. Su contenido nos permite entender; nos da las herramientas y nos orienta hacia los cimientos conceptuales del proyecto, ya que el autor trata la pintura como reflexión e introspección, apelando al espectador mediante la pausa y el estudio de sus obras. Dicha pausa incide actuando como una atracción hacia la pintura, obligando a detenerse y a ejercitar la observación como único medio para percatarnos de todo lo que a priori esconden las piezas.

Las obras se presentan en su mayoría como dualidades -dípticos- del mismo tamaño, dispuestas unas junto a otras, permitiendo así una extensa y minuciosa comparativa que responde a la naturaleza misma de las pinturas. Resulta paradigmático el caso de Margo-Ripa, ya que en esta pieza en concreto la búsqueda de correspondencias resulta  especialmente intensa: frente al lienzo dorado, cuyo oscuro color verdoso recuerda al mismo cauce del río referido, hay una tabla, presumiblemente pintada en rojo en un origen, pero ahora arrancada y por tanto desnuda, cuyos únicos vestigios se encuentran en los márgenes del cuadro. La confrontación se escribe por sí misma, pues no refiere solo a la idea de cromatismo -destacable de por sí-, ni a una idea matérica lienzo-tabla, sino también a la idea de supresión al contraponer una pintura con la ausencia de la misma, siendo capaz de conseguir un diálogo entre ambas piezas. Munuera crea así la posibilidad de entender la pintura incluso mediante su omisión, siendo innecesaria su presencia formal frente a las posibles sensaciones surgidas con la pintura.

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Tras estos primeros momentos de génesis y evolución, encontramos ideas ya consolidadas en obras como Ora I, Ora III y Yellow Clinamen, que se estructuran cada una en su cosmos particular, y en las que las diferencias cromáticas son bastante acusadas. Sin embargo, el suave tratamiento dado a cada una permite la contemplación como un todo, casi como una continuación, algo auspiciado por el hecho de tener el mismo tamaño y de encontrarse yuxtapuestas entre sí. El ojo conoce las diferencias entre cada una, pero tiende a buscar similitudes: por la suavidad, por el tamaño, por la disposición y tonalidades del color. Nico Munuera educa al ojo para que sea ‘instrumento de visión’ valiéndose de la demora de éste sobre las pinturas. Y no lo hace tan solo mediante búsqueda de similitudes, sino también de diferencias, algo que podemos ver en Contemplare duo II, lienzos casi idénticos a primera vista. La acusada diferencia cromática -uno rojo, el otro dorado- genera un componente de belleza relegado casi a un segundo plano, ya que es mediante la pausa, el estudio y la apreciación, que el espectador puede apreciar ligeras desavenencias entre ambos, desigualdades tan nimias que hacen preciso exponerlos como semejantes para comprender los delicados matices presentes en unos y otros. No es tan solo la idea de color configurado, sino más bien el concepto de pintura subyacente, es decir, cómo un primer acercamiento es rápidamente transmutado en una idea mucho más compleja a la inicialmente establecida.

Es destacable el uso casi exclusivo del rojo y el dorado que vertebran la exposición y que generan una realidad de múltiples combinaciones, una suerte de posibilidades inmediatas y didácticas en tanto que ayudan a crear conocimiento, a comprender lo que nos rodea cuanto más se observa. En definitiva, Nico Munuera nos presenta El origen de todo lo posible como una evolución basada en una vuelta a la idea natalicia de pintura como tal, siendo capaz de establecer elementos complejos fundamentados en conceptos básicos, lo que paradójicamente permite que se revistan de una extraordinaria complejidad. Una evolución original y originaria dedicada a cautivar y sorprender por igual. ■

 

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Imágenes: Vistas de la exposición. Cortesía de La Galería Rafael Ortiz.

 

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