PROBLEMAS DE CALZADO. LA FIEBRE DEL GENDER-SWAP EN EL CINE.

Tenemos que dejar de esforzarnos en reescribir todos los éxitos cinematográficos del cine contemporáneo cambiando el género de la estrella de la película. No se trata de otorgar papeles que ya han sido ocupados por hombres, sino crear papeles para ellas desde un principio.

GENDER-SWAP

Son numerosas las películas que en los últimos años nos han sorprendido con un cambio de género. Esta moda ha llevado a la industria cinematográfica a colocar actrices en el lugar que había sido anteriormente ocupado por hombres. Este fenómeno resulta tan forzado que parece que las mujeres sean metidas con calzador.

Tenemos que dejar de esforzarnos en agarrar todos los éxitos cinematográficos del cine contemporáneo y reescribirlos cambiando el género de la estrella de la película. Recordemos todas las palabras pronunciadas por directoras, productoras, actrices y mujeres del mundo cinematográfico: “más papeles femeninos”. Y aclaremos que al pedirlo no se referían a que les otorgasen papeles que ya habían sido ocupados por hombres, sino papeles creados para ellas desde un principio. Sofia Coppola, por ejemplo, con su tierna, y a la vez apasionada Seducción, no cae en esta moda; sino que le da la oportunidad a las mujeres que conforman la historia de hablar por sí mismas. Es, pues, un remake necesario. Necesitamos menos remakes forzados y más Coppolas. Más historias de mujeres contadas por mujeres, más Vírgenes Suicidas, más Marías Antonietas

Lo más triste de este cambio de género es el rechazo que recibe por parte del público y esto se ve reflejado en la audiencia. Recordemos, por ejemplo, el fracaso en taquilla de Cazafantasmas de 2016. Pero no es sólo en el cine, ni sólo por cuestión de género que el público se revela. Un ejemplo de este rechazo también se conoció con una de las últimas obras de J.K. Rowling llevada al teatro. Harry Potter y el legado maldito ha tenido éxito, pero también ha recibido indignación por parte del público. Hermione era negra. Es cierto que numerosos comentarios racistas surgieron como la lava tras el estreno de la obra, pero también hay que calmarse y observar la situación desde otra perspectiva. Pues no todos los comentarios que criticaban la decisión del casting teatral tenían un trasfondo racista. ¿Qué habría ocurrido si Harry fuese pelirrojo y Ron alvino? ¿Acaso no habría provocado también un alboroto? Los admiradores de Harry Potter, tras leer los siete libros de la saga, tras ver innumerables veces cada una de las películas y ver a Harry con su pelo negro azabache y a Ron con su característico tono anaranjado en el pelo, tras haber creado una imagen fabricada y sólida en su cabeza de los personajes, habrían reaccionado de la misma forma. El representar a sus queridos personajes de una forma tan distinta, aunque sea sólo un cambio físico, rompe los esquemas.

De esa misma forma los espectadores que rechazan las películas gender-swap no lo hacen únicamente por un motivo misógino, sino también porque ese personaje que tanto adoran y que tantas alegrías y emoción le han dado, desaparece. Y no sólo lo sustituyen por un actor diferente (como se puede observar en numerosos remakes de superhéroes) sino que además le cambian el género. Los espectadores no están preparados para un cambio tan desestructurado. También cabe decir que otro motivo por el cual las críticas negativas emergen es porque los “remakes femeninos” son una moda y como toda moda, cansan.

Ahora es el turno de Ocean’s 8, que llega pisando fuerte. Y yo soy la primera que está esperando ansiosa para ver a la seductora Blanchett, a la carismática Bullock, a la épica Bonham Carter y a la talentosa Hathaway lucirse en pantalla. Pero, mientras veo en bucle el tráiler de la película, me pregunto, ¿cuál era la necesidad de hacer un remake de algo que ya se ha hecho? ¿Por qué no podían crear una película sobre mujeres inteligentes y ambiciosas que planean robar las joyas más valiosas de la ciudad? Seguramente, de ser así, habría sido comparada con películas como Ocean’s 11 o Reservoir Dogs, pero no sería una comparación obligatoria. Porque todos entrarán en la sala de cine con el piloto automático, a la espera de poder salir y confirmar que, en efecto, no era tan buena como la original.

Al parecer aún no hemos aprendido que al vender algo como feminista es automáticamente ignorado por todo aquel que sea contrario al movimiento. Pues el producir una película con un elenco femenino cuando antes había uno masculino es colgar el cartel de “Película feminista. Si no lo eres, mejor no te atrevas a verme”. Sin embargo, si se producen películas y series sin antecedentes masculinos, como es el caso de las actualmente exitosas series Big Little Lies o El cuento de la criada, se puede conseguir que todos aquellos que dieron media vuelta al leer el susodicho cartel se enganchen a la trama de una historia contada por mujeres. De esta forma, el feminismo queda en el subconsciente del espectador, como aquella publicidad subliminal de Coca-Cola que aparecía durante unas milésimas de segundo en la pantalla. Sin que el espectador se diera cuenta la Coca-Cola había entrado en su cabeza.

El reportero Hazel Cills lo dejó muy claro cuando dijo: “Estas películas que invierten los géneros dan a entender que las mujeres no son lo suficientemente importantes como para tener sus propias historias y, por lo tanto, tienen que apoyarse en sagas masculinas que ya han sido exitosas[i]. Y es exactamente lo que ocurre cuando se continúan produciendo películas de protagonistas femeninas como sustitutas de hombres. Ocupan otro lugar. Es como caminar por la orilla de una playa y al observar las huellas que nos anteceden, bien marcadas, profundas, resistiendo al paso de las olas, caminamos colocando nuestros pies dentro de esas huellas. ¿Y de qué sirve una huella que se hunde dentro de otra huella que ya existe? La expresión es “dejar huella”, no repetirla.

Dejemos de usar calzador, dejemos de intentar encajar en el zapato de cristal. Hace mucho que no somos Cenicientas. Tiremos el calzador por la ventana y fabriquemos unos zapatos a nuestra medida, con el material que queramos, con velcro o cordones, botas o sandalias. Lo importante es que sea un zapato que logre dejar su propia huella.

Pero por dios, que no sean tacones. ■

 


[i] Hazel CILLS, “The Only Gender-Swapped Remake I Want to See Is Weird Science”, Jezebel [En línea], Nueva York: 2018 < https://themuse.jezebel.com/the-only-gender-swapped-remake-i-want-to-see-is-weird-s-1825020058> [10-06-2018].

 

Perfil de la autora

la vista ha muerto

Alicia Palacios-Ferri (Sevilla, 1995) es graduada en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Además de recibir una beca para estudiar un año académico de Artes Visuales en Évora (Portugal) donde trabajó en el ámbito multimedia. Actualmente se encuentra estudiando el Máster en Fotografía, Arte y Técnica en la Universidad Politécnica de Valencia, donde se está especializando en teoría de la Fotografía en el Arte Contemporáneo y Fotografía Profesional. Trabaja en diferentes campos artísticos, tales como el vídeo, la instalación o la performance, pero principalmente su trabajo se fundamenta en la fotografía. Ha participado en diversas exposiciones y ha recibido premios en varios certámenes como en el Certamen de Jóvenes Creadores de Madrid, Valencia Crea o Fundación Blas de Otero.

www.aliciapalaciosferri.com / @palaciosferri

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La Cenicienta (1950) © Walt Disney Pictures.