ETERNAL HOMECOMING | EL FILM COMO HECHO MÍSTICO

“Filmar una película es un hecho místico”. Esta idea de juego casi dionisíaco constituye uno de los hilos centrales de esta madeja, donde los límites de la realidad se entrecruzan.

ETERNAL HOMECOMING
Fotograma de Eternal Homecoming | Kira Muratova | Ucrania | 2012 | 114 min.

La multipremiada directora y guionista Kira Muratova nos presenta Eternal Homecoming, un film lleno de preguntas. La primera de todas es la que argumenta esta película. Una mujer recibe la visita inesperada de un antiguo compañero de clase que le pide consejo: ¿a quién elegir, a su mujer o a su amante? Lo que parece una trama simple se tornará en un bucle infinito en el que el cine se desprende de su máscara de representación y se cuestiona sobre sus propios principios.

Muratova parte de este problema inicial para llevar al espectador hasta el límite mismo de su paciencia. Durante gran parte del metraje de Eternal Homecoming vemos el argumento repetido en una espiral sin fin pero a través de diferentes entornos e interpretaciones, lo que lleva a la película hacia un camino coral en el que el relato global está constituido por fragmentos. Si bien no existe progresión en la narrativa si se efectúa este movimiento en el espectador que desde la butaca, observa el juego de interpretaciones con un claro sentido nietzscheano, una suerte de experiencia circular donde todo vuelve al origen. De una manera muy acertada, éstos planos consiguen el esperado efecto de desconcierto planteándose en un ambiente surreal reforzado por el uso del blanco y negro en el metraje, lo que reserva el color para marcar los límites de la meta-narración cinematográfica.

Los personajes que pueblan esta película cumplen con los patrones que han llevado a Muratova hacia la cúspide del cine de Europa del Este. Son personajes cotidianos, esperpentos de sí mismo que se ven caricaturizados en sus gestos, rayando en su presentación con las escenas del teatro del absurdo a las que tanto recuerdan. Sin embargo, entre tanta ironía relucen ciertos momentos de extrema lucidez, como la siguiente frase, que aparece en boca de uno de los actores: “Filmar una película es un hecho místico”. Esta idea de juego casi dionisíaco constituye uno de los hilos centrales de esta madeja -metafórica y literal- donde los límites de la realidad se entrecruzan.

Si bien conceptualmente y estéticamente se trata de una película más que interesante, la desmedida duración de este proyecto puede deslucirla, dejando a mucho espectadores indefensos hasta el último cuarto del film, donde se revelará parte de la trama subyacente. La directora se basa en el recurso de la deformación grotesca tanto de la escena como del argumento y los protagonistas para poner al espectador en un estado de alerta permanente: “¿Qué estoy viendo?” y que tendrá un guiño dentro de la película traído con sutil ironía.

Eternal Homecoming ha recibido seis nominaciones en festivales como el Rome Film Fest, el Russian Guild of Film Critics –donde Muratova ganó el premio a Mejor Dirección-; y los reconocidos Nika Awards, donde se alzó con el premio a mejor película de la Comunidad de Estados Independientes (CIS) y del Báltico en 2013. ■

 

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