DENTRO DE LA SOPA | ANDY WARHOL, EL ARTE MECÁNICO

Andy Warhol era el icono de América, al igual que lo era Coca-Cola. (...) Toda la cultura era Warhol y a través de Warhol era toda la cultura.

ANDY WARHOL
Andy Warhol | Marilyn series (1967) © Fotografía de Laura Fernández Zapata.

Cuando haces una monográfica de Andy Warhol tienes todas las papeletas para que se convierta en la exposición más visitada de la temporada. Para mí esto implicaba un poco de temor ante la idea de visitar Warhol. El arte mecánico en el Caixaforum de Barcelona. Este es uno de los museos de referencia para el gran público, además, es domingo: todo quisqui con tiempo libre irá a hacerse una foto pre-vermut con la Marilyn, y, por favor, hablamos de una monográfica de uno de los artistas más archiconocidos del último siglo. La exposición podría quedarse en una anécdota superficial y para mayor inri, masificada por un público que va a la caza del icono.

El comisario, José Lebrero Stals (director del Museo Picasso de Málaga) ha conseguido algo que sin duda era difícil: crear una experiencia satisfactoria para todas las miradas. Las trescientas cincuenta piezas originales, más documentación, nos acercan al universo subjetivo de Andy Warhol, desde los puntos más estridentes del arte pop, hasta zonas más oscuras como las sillas eléctricas o las pinturas con orina. Este paseo por las diferentes etapas del artista permiten al espectador neófito comprender de otra forma las obras que observa, antes sólo vinculadas al estampado de una camiseta.

Nada más entrar a la muestra, vemos los primeros trabajos de Warhol como publicista y diseñador gráfico vinculado a firmas de moda. En estos trabajos (libros ilustrados, álbumes, carteles), los colores vibrantes y un dibujo de línea firme anticipan la estética de su obra posterior. Tras la pequeña introducción no tardan en aparecer los pesos pesados: las cajas brillo, los retratos de Marilyn, Jackie Kennedy, Liz Taylor, Coca-Cola y la sopa Campbell se suceden en las dos salas-selfie (en los minutos que pasé allí, se tomaron unos veinte autorretratos). Afortunadamente, las cartelas profundizan en los orígenes de este interés por la repetición, por los iconos y por la cotidianidad elevada a la categoría de arte. Es curiosa la carencia de aura en las piezas a pesar de ser todas originales. La democratización (todo el pueblo puede ver, disfrutar y consumir arte) de las imágenes warholianas ha supuesto una ruptura decisiva entre el arte y la vida, por lo que estas salas de grandes éxitos se presentan casi como un déja vu.

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Andy Warhol | Mao (1972) © Fotografía de Laura Fernández Zapata.

La reproductibilidad ha sido un factor clave para el fácil acceso a las imágenes. Sin embargo, al mismo tiempo que el artista adoraba la estética perfecta de la producción en masa, en sus piezas incluía los errores que el azar podía causar, generando un producto defectuoso; así, en su trabajo podemos encontrar, por ejemplo, numerosas serigrafías cuyas capas están descuadradas a propósito. Warhol quería pintar como una máquina y al mismo tiempo plasmar el error como algo inherente a esta mecanización de su producción artística, o de su vida, incluso.

De forma inteligente, en la sala contigua se proyectan los Screen Test (1964-1966). Los colores brillantes se diluyen en una sala oscura y pequeña con seis proyecciones mudas en blanco y negro. Un descanso más que necesario para limpiar la mirada del espectador y, además, la consecuencia conceptual del interés por la máscara del icono del arte pop. En estas películas mudas podemos ver a algunas de las personalidades que pasaban por The Silver Factory delante de la cámara durante cuatro minutos. Aparecen Bob Dylan, Marcel Duchamp o Susan Sontag en las pantallas, algunos más inquebrantables que otros a medida que transcurren los segundos. El Screen Test de Dalí es de especial mención, ya que, igual de icónico que Warhol, lucha por mantener una apariencia que se desmonta por momentos, hasta que abandona el vídeo.

La cuarta sala produce un cambio de ritmo extremo en la exposición. El espacio es una piscina de cultura pop: las revistas, los carteles, portadas de discos o videos en los que Warhol colaboró de alguna forma se exhiben en las vitrinas y en las paredes. Este cosmos de documentación expone la figura del artista como un rey Midas demiurgo, una clave en la sociedad del espectáculo americano. Por un lado, The Silver Factory le servía como una gran red social que ponía en contacto a todas las celebridades, todo el mundo quería estar cerca de él; por otro lado, Andy Warhol era el icono de América, al igual que lo era Coca-Cola: un hombre blanco de familia inmigrante, hecho a sí mismo, ahora empresario de éxito. América no podía no adorar a sus plateados ídolos. Toda la cultura era Warhol y a través de Warhol era toda la cultura.

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Vistas de la sala © Fotografía de Laura Fernández Zapata.

En la antepenúltima sala de la exposición, tras otras piezas también conocidas y esperables, sucede un encontronazo con la enorme serigrafía de la silla eléctrica (Electric Chair, 1964) que produce el silencio. Este espacio es, sin duda, el más cargado simbólicamente y a nivel de profundidad de interpretación de toda la exposición. Estas piezas sí parecen más auráticas. Podríamos decir que los iconos que Andy Warhol presenta en su última etapa son un poco más complicados de digerir, pero ¿es este suficiente motivo para que la sala esté vacía (de espectadores)? Piezas como la película Sleep (1963) (de cinco horas de duración, en la que se ve a John Giorno durmiendo), una de las famosas calaveras (Skull, 1976), Hammer and Sickle (1976), de la muestra Still Lifes, o Gun (1981-82) disparan una respirable esencia de vanitas. Aquí el espectador sí puede ver un matiz diferente del artista, donde existe un cuestionamiento sobre aspectos más profundos de la realidad de los 70 y 80. La preocupación por la muerte, el miedo e incluso la política traslucen en un paisaje que ya se aleja del Warhol de los primeros años. Desperdigar discretos sillones por la sala no es una mala estrategia. Sin embargo, se queda escaso para quien ya conozca la figura del artista y vaya a profundizar un poco más, aunque vale la pena si queremos experimentar un espacio comisariado de forma excelente.

La exposición se cierra con un rincón donde se exhiben retratos, ordenados cronológicamente, de Andy Warhol. En las cartelas aparecen los nombres de todos los grandes artistas con los que se codeaba. Duane Michals, Robert Mapplethorpe, Steve Schapiro o Richard Avedon (quien, en 1969, retrató su torso lleno de cicatrices) son algunos de ellos. Esta última nos permite sobreponer el desarrollo sensible de la vida del artista-humano con la evolución de las obras del artista-ídolo. Es un último espacio silencioso, repleto de mirones, donde terminar el puzle. ■

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Andy Warhol | Big Electric Chair (1967) © Fotografía de Laura Fernández Zapata.

 

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Perfil de la autora

laura fernandez zapataLaura Fernández Zapata es gallega de nacimiento y sevillana de profesión. Graduada en Bellas Artes en la Universidad de Sevilla, fue en esta ciudad donde se convirtió en una amante del arte contemporáneo. Actualmente reside en Barcelona y estudia el Máster en Producción e Investigación Artística de la Universitat de Barcelona (UB). Ha completado su formación con prácticas externas en ARTSevilla, Encuentro Internacional de Arte Contemporáneo, donde tras dos años ha coordinado ARTS III, la publicación anual de este evento. Igualmente ha realizado dos cursos de comisariado en la galería PLANOB. En su faceta artística ha mostrado su trabajo en varias exposiciones colectivas en Sevilla, siendo la más reciente Cuerpo presente vs cuerpo representado en 2016 en el Espacio Laraña.

Debido a su curiosidad natural ha desarrollado un especial interés por la investigación, lo que le llevó a presentar su proyecto más reciente, titulado Arte encapsulado. Revisión del objeto artístico como contenedor de significado en las Jornadas Culturales de ARTSevilla 2016. Forma parte del equipo de elRespirador desde su comienzo, donde elabora críticas de arte y artículos de investigación sobre artistas contemporáneos de gran relevancia.

 

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