CRISIS DE AZUL COBALTO | FIGURAS DE RESPETO EN ESPACIO OLVERA

"Los Vendaval han creado una exposición satírica, sarcástica, una exposición para pensar y debatir. Abrazan la tradición como símbolo para presentar los síntomas de una sociedad caduca."

figuras de respeto

Cuando Oscar Wilde escribió “me resulta cada día más difícil vivir a la altura de mi conjunto de porcelana azul” hacía referencia, no solo al conjunto en sí, sino a la belleza emanada de este. Consideraba al artista creador de la misma, siendo el Arte un medio para alcanzar un mayor estado espiritual, una elevación a nivel personal. No debe, pues, extrañarnos el verse minúsculo en comparación a la cotidiana belleza aportada por su “conjunto de porcelana”.

La pareja artística Los Vendaval (Ro Arévalo Vargas y Pablo Alonso de la Sierra) no crean un bello conjunto de porcelana azul, pero formalmente se acercan al crear Figuras de respeto, muestra que podemos ver en la galería Espacio Olvera (5 mayo- 30 junio) y que comprende tres proyectos en su conjunto: Vajilla Real, Hasta en la sopa, y las mencionadas Figuras de respeto. Las suyas son figuras puramente humanas -cercanas- y logramos reconocer sus caras en un breve vistazo: Xi Jinping, Angela Merkel, Vladimir Putin, Nicolás Maduro, Kim Jon-Un, Mariano Rajoy, Theresa May, Tayyip Erdogan, Christine Lagarde y Donald Trump. Y es precisamente este último quien más destaca de todos.

Para ello hemos de retrotraernos unas centurias en el tiempo, hasta el Portugal del siglo XVIII. En esta época los maestros ceramistas crearon una suerte de mosaicos mediante azulejos pintados en azul cobalto sobre esmalte blanco. Lo verdaderamente destacable radica en su escala, pues se presentan a tamaño humano. Las figuras de convite suponían una invitación, una insinuación a entrar, una suerte de elemento dinamizador que daba la bienvenida al visitante creando una interactuación directa con el mismo.

Los Vendaval utilizan esta tradición artesanal lusa y la entrelazan con los elementos más perennes de nuestra sociedad, creando con ello una suerte de figuras de convite actualizadas donde podemos ver retratados los gestos y posturas más icónicas de los representados, haciendo posible, aún más si cabe, su reconocimiento por parte del espectador.

azul

Sin embargo, el sino de los artistas no es el de crear un objeto sin más. A estas figuras también se les otorgaba la acepción de ‘figuras de respeto’, de manera que el espectador puede interactuar, plantear y preguntarse -a sí mismo o a los demás- dónde queda el significado mismo que conlleva la acepción de la: “¿hasta qué punto son merecedoras de respeto si tenemos en cuenta sus acciones?”. Logran así proyectar ironía en situaciones extraordinariamente serias las cuales afectan diariamente a miles de personas.

Precisamente es quien más controversia ha causado, el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien preside, valga la redundancia, la sala gracias a su tamaño, pues es el único a escala natural. Su gesto victorioso y su cara de burla lo presentan casi como una suerte de bufón en mitad de la sala, mayormente acentuado si cabe por lo diminuto de sus compañeros, quienes son presentados con una mueca menos burlona, un aspecto en apariencia más solemne, pero que somos conscientes nos ocultan algo. Los gestos tan característicos utilizados para retratarlos actúan a modo de máscara en una doble vertiente: hacia fuera, dirigidos al espectador, suponen una actitud de reconocimiento tanto de la persona como del poder ostentado, así como todas las capacidades y posibilidades derivadas del mismo. Por otro lado, hacia dentro, como introspección, ocultando el verdadero ser del político, todos los fracasos y promesas incumplidas, las malas decisiones y las personas afectadas. Los artistas exponen así la supuesta utilidad en lo referente a dichos políticos, basándose en el ‘respeto’ que se les debe tener en contraste del poco que tienen a la ciudadanía.

Enfrente de esta figura de ademán posesivo encontramos Hasta en la sopa. Las caras de estas personalidades cambian su formato y se adaptan a algo aún más cercano: una sopera y tazas de consomé con las efigies de Pablo Iglesias, Ada Colau, Cifuentes, quienes parecen por vez primera convivir en armonía dentro de un mismo espacio. Pese a un cromatismo similar, el contraste es plenamente acusado: la enorme figura de Trump parece abalanzarse sobre el panorama político nacional, quienes no pueden sino mirar al coloso con la fragilidad de una taza.

azul

Enlaza esto con Vajilla real, aludiendo a ese carácter funcional de las piezas como un sarcasmo a la necesidad y utilidad de monarquía como cabeza del Estado. La Familia Real queda retratada como una suerte de caricatura burda donde cada cual orienta una mirada, a modo de rayos, a quien más detesta -parece que estemos siendo testigos presenciales de aquel hecho acaecido en la misa de Pascua en La Catedral de Palma-. Finalmente todo parece concentrarse en la figura del actual rey. Los rayos que irónicamente coronan su cabeza en forma de potencias no refieren tan solo a la vajilla presente, pues nos mira e interroga. De esta manera intervenimos directamente al crearse un nexo de unión entre la obra y el espectador, consiguiendo que cualquiera, de manera anónima o no tanto, se proyecte en la misma y pueda interpelarle desatando una mirada de desaprobación.

Los Vendaval han creado así una exposición satírica, sarcástica, una exposición para pensar y debatir. Abrazan la tradición como símbolo para presentar los síntomas de una sociedad caduca en la que nuestros gobernantes no son sino seres despiadados, mirando más por intereses propios que por los ciudadanos a proteger y, sin embargo, se presentan como figuras afables, como figuras de respeto, como figuras de poder. ■

 

Perfil del autor

Fernando S. Morote

Fernando Sánchez Morote es graduado en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla. Actualmente crítico en elRespirador, también colabora en el programa Toda una Amalgama donde dirige la sección La galería del mecenas, tareas que compagina con varios proyectos de comisariado y gestión cultural.

Interesado por la mitología y el arte emergente, su línea de investigación se abre a estudios de mitología contemporánea, tema –entre otros- que le fascina. Ha ayudado e intervenido en el montaje de diversas exposiciones tales como La noche vuelve a ser noche en la galería Alarcón Criado o El papel del artista en la galería Rafael Ortiz, entre otros.

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