LA CREATIVIDAD LITERARIA, ESE JUGUETE RECHAZADO

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Wolfgang Petersen | The Neverending Story (1984).

La estrecha relación que existe entre la creatividad literaria y la plástica a edades tempranas, es un dato que pesa en mi mente desde que me plantee la importancia imaginativa en las aulas. Mi primer contacto con esas ramas fue lúdico, mis padres me leían cuentos, mis hermanos me cantaban canciones, y cuando ellos estaban ocupados yo jugaba con la plastilina o garabatear cualquier superficie con todos los colores posibles. Disfrutaba tanto que toda actividad dentro de esos dos mundos era motivo de alegría, formaba parte de mi vida y felicidad. Después cumplí algunos años y comencé la etapa escolar, convirtiéndose esos cuentos en libros, las canciones en poesía, la plastilina en modelado y el garabato en dibujo.

No me cabe duda de que ese cambio fue primordial en mi educación como persona y en mi evolución de artista, pues empecé a ser consciente del peso que tenían más allá de la diversión. En ese momento yo quería ser veterinaria, como la mayoría de los niños (trabajo precioso al que terminé rechazando por no soportar la idea de ver sufrir a un animal), pero algo en mí me hizo cambiar de idea, una necesidad de expresión demasiado fuerte como para dejarla muda. Quería hablar de lo que se me pasaba por la cabeza, contar historias como me las habían contado a mí antes y representarlas tal cual las veía en mi cabeza, enseñárselas al mundo para hacerme comprender, empezaba a descubrir qué significaba ser artista. Crecí un poco y cambiaron mis prioridades, o más bien me las suplantaron, la “Educación plástica” pasó a llamarse “Tecnología” y las canciones y cuentos se escondieron en algún rincón de los libros de “Lengua castellana y Literatura”. Fue entonces, cuando poco a poco empezaron a desaparecer esos ratos de juego personal dentro de mi horario educativo, debido a que a medida que pasaba el tiempo el estudio ocupaba cada vez más horas diarias de mis jornadas. Escuché menos mi intimidad expresiva y por un tiempo la mantuve aparcada, durante esa fatídica etapa entre la preadolescente y adolescencia que todos conocemos bien. Sin embargo no había olvidado que antes de ese cambio otro tipo de educación más natural me había hecho sentir verdaderamente viva y no estaba dispuesta a renunciar a ello, que los demás le diesen mayor o menor importancia, no era motivo suficiente para expulsarlo de mi vida. Desde entonces decidí seguir creando, hasta hoy.

No estoy relatando mi vida por gusto, si menciono esta parte de mi infancia es por el simple hecho de pertenecer a la raza humana. A todos nos ha ocurrido exactamente lo mismo, nos guste o no justamente en esta etapa de la vida es cuando se produce la criba natural del artista, entre los 13 y 16 años, en plena crisis de la adolescencia. Durante este periodo, evolucionan nuestros cuerpos y mentes con tal vertiginosidad que el enfriamiento creativo es notable, la alteración hormonal, las presiones sociales y las exigencias laborales son de tal magnitud que obligan a mirar de frente al mundo y comprender que todo aquello que nos rodea no es exactamente como creíamos. A esas edades las prioridades varían y la civilización termina influyendo en que las formas naturales de introspección se modifiquen, entonces es cuando realmente se revela el artista. Ya sea artista plástico, escritor, músico, actor o perteneciente a cualquiera de las ramas de las artes, comienza a definirse como tal en el paso de la niñez a la edad adulta. No obstante en la mayoría de los casos, la formación que reciba la persona mientras se produce esa transformación ocasionará que esta inclinación artística llegue a fraguar o no. Es cierto que en ese momento la consciencia toma nombre propio y comienza a decidir su camino, sin embargo no hay que olvidar que también necesitan de una guía para decantarse. Desgraciadamente, la responsabilidad ciudadana y la adaptación al medio tienden a provocar el olvido de la relación que hay entre la creatividad y la evolución del razonamiento, terminando por dejar de motivarse la imaginación y como consecuencia la frescura mental.

El hecho de que se denomine la primera etapa del desarrollo cognitivo como sensorio-motor y a la actividad del dibujo como base esencial de la evolución del mismo, ya alude a la importancia plástica durante el crecimiento, al igual que algunos los test de inteligencia infantiles basan sus resultados en relación a la creatividad que muestren los niños. Que la creatividad sea trascendente en el desarrollo del infante no significa que no lo sea para el adulto, al contrario, es probable que su desarrollo marque un antes y un después en su madurez. La creatividad y la imaginación ofrecen una visión diferente en la que los obstáculos se presentan junto con una amplia gama de posibles soluciones, diferentes formas de afrontarlos y vivirlos. La creatividad enriquece y favorece a quien la cultiva, por lo que no está de más incentivarla en cualquier etapa del crecimiento. Tal vez sea la literatura el recurso más cercano y asequible para el adulto renegado del arte que abandonó el trazo de sus ideas por seguir a las palabras escritas, quizás también enriquezca la mente de quienes dominen la línea pero no la redacción de la misma. En definitiva, la literatura es mundialmente conocida como medio de transmisión de cultura, pero también lo es de personas.

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Gianni Rodari.

Gianni Rodari (Omegna, Piamonte, 1920- Roma, 1980) es un autor digno de mención dentro de la estimulación literaria, la lectura de su artículo La imaginación en la literatura infantil aporta un ideal educativo que va más allá de la cultura social. Fue escritor, periodista, maestro y pedagogo. Empezó a escribir para niños en el año 1948 y el conjunto de su obra fue merecedora en 1970 del Premio Hans Christian Andersen, el más importante de la literatura infantil y juvenil. Rodari propone un tipo de formación diferente dentro de la misma enseñanza, una autoconocimiento de la mente individual y la concepción de la magnitud que la misma abarca. Menciona la diferencia vital que supone aprender por gusto o por obligación y los medios que podrían utilizarse para evitar que el motivo sea exigencia. Habla del papel del juego en este campo y la estimulación que supone para el aprendizaje, de que a través de las palabras se puede jugar a ser otras personas que tienen la oportunidad de vivir mil aventuras diferentes. Según Gianni Rodari, que la pedagogía sea didáctica y lúdica supondrá el aumento de la fascinación del alumno por ese ámbito y su posterior investigación personal del mismo. Que experimente o no lo que supone realmente escribir hasta llegar a alcanzar la expresión personal que es la poesía será directamente proporcional al atractivo que le ofrezca su tutor, a la diversión y recompensa que resulte como consecuencia del juego literario. Su planteamiento diferencial entre fantasía y realidad pondría en duda la mayoría de los razonamientos adultos por los que se dirige el mundo. Habla de la capacidad que tiene la imaginación para apoderarse de la realidad, cambiarla y su vez conseguir que siga siendo igual de válida, el mundo paralelo que crea y la posibilidad que ofrece de habitarlo. Afirma con cada palabra el valor que tiene la estimulación literaria en el niño y da motivos para pensar que el peso que tiene es el mismo para el adulto.

Es Rodari en sí una alusión directa al planteamiento de la literatura como un modo de vida digno de cultivar y enriquecer, tanto en edades tempranas como maduras. ¿Pero por dónde empezar? ¿Acaso es demasiado tarde seguirlo ya abandonada la niñez? El mismo Rodari, siendo consciente de la dificultad que supone concebir la literatura como un juego, nos regala varias pistas que ayudan a lograrlo. Escribe Gramática de la fantasía: Introducción al arte de contar historias convirtiéndolo en un clásico de la literatura pedagógica que pretende rescatar al niño de las garras del aburrimiento y ofrecer una educación alegre y divertida. Considera la magia y el conocimiento como dos componentes en interacción, cree en la capacidad transformadora del lenguaje y lo estruja para provocar nuevas formas de entender la realidad. En este libro propone diferentes métodos para fomentar la creatividad como el binomio fantásticoel prefijo arbitrario el error creativo que, además de ofrecer la oportunidad de jugar con la literatura a quien lo lleva a cabo, aporta a su vez la idea de la formación creativa para la transformación del mundo. De cara al mundo Gianni Rodari escribió este libro para los niños, yo estoy segura de que si le hubiesen sugerido enfocarlo igualmente al mundo adulto no hubiese puesto pegas. Las palabras siempre han sido uno de mis juguetes favoritos, entiendo que también fuese uno de los suyos. ■