EL BÚNKER DE CONFORT | BLANQUEAMIENTO, CENSURA Y DESINFORMACIÓN

Sin un arte que genere incomodidad, sin unos escritos que nos obliguen a dudar, sin un motivo por el que luchar, ¿qué nos queda? Consumir en nuestras casas convertidas en búnker de confort.

búnker de confort

Asomarse al patio de fieras que suponen las redes sociales es una aventura que hay que dosificar. Entre el maremágnum de imágenes, emojis, ‘instagramers’ y demás seres que pueblan el universo virtual, aparecen noticias que pudieran ser propias de una inocentada. Entre ellas cabe destacar una de la que se han hecho eco numerosos medios nacionales e internacionales en la que un profesor de arte se ha querellado contra el gigante Facebook por la supresión de su perfil tras la publicación en su tablón personal del Origen del Mundo de Courbet.

Para quien no conozca la obra, representa unos genitales femeninos en todo su esplendor. Esta obra ha sufrido la paradoja de haber estado oculta durante décadas. Casi desde su creación ha padecido la marginación propia de una representación considerada por muchos como provocadora, lo que hacía que sus dueños la fueran ocultando conforme llegaba a sus manos por su cualidad ‘obscena’. Finalmente el Estado francés se hizo con ella, tras haber estado en posesión del afamado pensador estructuralista Jacques Lacan, quien también la mantuvo oculta. Desde 1995 puede verse en el parisino Musée D’ Orsay, donde tiene una pared propia para ella, lo que no la exime de protestas y acciones, tanto a favor como en contra de ésta obra, como la performance de la artista Deborah de Robertis en 2014.

Pues bien, el Estado francés fue declarado en 2016 competente para tomar parte en esta demanda a la red de Mark Zuckeberg, la cual presuntamente eliminó el perfil del profesor que había colgado en su muro la obra de Courbet. Ese es el estado de la cuestión a día de hoy, sin embargo, la victoria de esta batalla contra el Goliath de las telecomunicaciones podría suponer un cambio de paradigma fundamental dentro de las redes sociales y el puritanismo que las atraviesa. Todos los que nos dedicamos a la difusión cultural hemos visto cómo Facebook o Instagram ha censurado alguna de nuestras cuentas por difundir ‘contenido de carácter sexual’ al publicar una imagen de una pieza artística donde se mostraba un desnudo total o parcial. A pesar de ello existe un grupo de imágenes que están exentas de esta prohibición como las pinturas y esculturas.  Este agujero dentro del sistema demuestra las ideologías subyacentes de carácter netamente puritano en el que el cuerpo y la sexualidad quedan relegados al plano moral de lo incorrecto.

En Instagram tenemos el reciente caso de la supresión del perfil en esta red social del artista Juan Francisco Casas, cuya obra pivota sobre el desnudo. ¿Los motivos?, los mismos por los que el perfil del profesor francés fue eliminado de Facebook o por el que la obra -730- de Mara León fue eliminada de los diversos perfiles que esta artista tenía a causa de un pezón rebelde que alude a la lucha por unos plazos dignos para la reconstrucción de mama tras una mastectomía. Estamos asistiendo a un giro peligroso dentro de la censura a través de mecanismos cada vez más perversos que parecen destinados a blanquear, en términos de Baudrillard, nuestra conciencia. Los años 70 y 80 no hubieran sido los mismos si no hubiera existido ese carácter transgresor propio de la postmodernidad en el que el cuerpo fue el gran protagonista y donde la libertad sexual se hizo la bandera de toda una generación. Las redes se han hecho el bastión del puritanismo con sus nuevas formas de censura.

El fruto de este blanqueamiento es la supresión de todo indicio de incomodidad, de toda situación que pueda generar el menor conflicto u ofender ligeramente a nadie. Esta violencia silenciosa es ejercida a través de la supresión en vez de la represión. Tras largas décadas en las que la represión ha sido la herramienta por la que el poder ejercía su control -donde se veía la marca de peligrosos trasfondos ideológicos que aún están presentes en nuestra sociedad- hemos pasado a un extraño puritanismo donde la asepsia y la compartimentación en cajones estancos reconoce una multiplicidad muy necesaria pero que corre el riesgo de convertirse en un museo de cristal tan frágil como hermoso. La represión requiere que un agente actúe en la mayoría de los casos. Por el contrario, la supresión se infiltra silenciosamente dentro de nosotros, parasita lo cultural y desde allí ejerce su poder eliminando todo aquello que genere una disonancia en el sistema. El péndulo se ha desplazado pero continúa en el mismo vector. La eliminación de toda rugosidad nos convertirá en personas de cristal, niños burbuja que no podremos salir de nuestro espacio de confort para enfrentarnos al riesgo que supone vivir. El uso del lenguaje en la actualidad es un terreno en el que hay andar con pies de plomo si no se quiere recibir una colleja a veces inmerecida. Para algunos es una herramienta de trabajo, para otros, un arma dentro de un campo de batalla aún mayor. Es innegable que hay que hacer una amplia revisión de los modelos socio-culturales que hemos heredado, pero debemos tener cuidado con no arrastrar también ciertas libertades que han sido ganadas justamente, como es el caso de la libertad creativa. Aun recordamos el caso de la obra Haute Couture 4. Transport, de la artista austríaca Ines Doujak, en la que aparecía el rey (emérito) Juan Carlos I en una notable actitud sexual, y que derivó en la dimisión del director del MACBA, Bartomeu Marí y la clausura de la exposición La bestia y el soberano.

búnker de confort

La no tan nueva censura puritana ha conseguido tapar los desnudos pintados a principios del siglo XX por el artista austríaco Egon Schiele y que iban a ilustrar una muestra donde se recogen los trabajos de varios autores del fin de siècle vienés en ciudades como Londres o Hamburgo.  En Londres ha sido especialmente dura la negativa por parte del departamento de transportes de la capital británica, donde han rechazado que los desnudos de este artista decoraran el metro y los autobuses por mostrar “figuras semidesnudas o desnudas en un contexto abiertamente sexual”. Este mismo organismo ya rechazó una Venus de Lucas Cranach el Viejo en 2008 por los mismos motivos, según recoge la BBC. En tiempos de necesidad el ingenio se agudiza y los publicistas han franqueado la prohibición tapando con un cartelón los genitales de las figuras de Schiele añadiendo la siguiente frase: “Sorry. 100 years old but still too daring today. #ToArtItsFreedom” (Lo siento. Tengo 100 años pero aún soy demasiado rompedor hoy en día). A veces las mejores campañas de publicidad te las dan aquellos que te atacan.

Recientemente hemos visto a colectivos enteros molestos por las actuaciones de los distintos grupos que participan en el Concurso Oficial de Agrupaciones del Carnaval: Rocieros afectados por las referencias de una chirigota a la Virgen del Rocío; sevillanos molestos por una parodia de los sucesos de la Madrugá; independentistas iracundos por la caricaturización de una ‘supuesta ejecución’ a Puigdemont; animalistas ofendidos por la inclusión de un falso toro en una falsa corrida; gaditanos enfadados por el exceso de agrupaciones de otras provincias… y Andrea Janeiro. Conviene recordar que el carnaval se basa en la deformación grotesca de la realidad donde la ironía es la clave para leer este fenómeno. Es una mecanismo popular de carácter subversivo donde las normas se transgreden generando incomodidad, que sin duda invita a la reflexión. Sin la incomodidad que produce la puesta en crisis no puede haber creación. Con silenciamiento no hay reflexión, sólo silencio en un falso mundo con más componentes irreales que reales.

Sin irnos demasiado lejos, hace unos días varios noticiarios hablaban de la retirada del cuadro de Hylas y las ninfas de J.W. Waterhouse por parte de la dirección de la Manchester Art Gallery. En todos ellos se reseñaba el motivo, señalando que se retiraba por representar una cosificación de la mujer, acto que se incluye dentro de la potente marea que se ha desarrollado tras el destape del caso Weinstein. Sin embargo, la noticia está incompleta, es una hábil artimaña para crear opinión camuflada como información. La obra ha sido retirada como parte de una propuesta artística elaborada por Sonia Boyce para una exposición que realizará en los próximos meses y donde se invita a repensar el papel de la mujer en el arte victoriano. En lugar del cuadro se puede encontrar un bloque de notas adhesivas donde el público puede exponer sus reacciones ante este acto, de modo similar a las intervenciones de los dadaístas a principios del siglo XX o a las del arte relacional de los años noventa. Como maniobra contemporánea para repensar el pasado es sumamente adecuado, del mismo modo que ya hizo John Berger dedicándole un capítulo de su célebre Modos de ver, donde analizaba la cosificación de la mujer en el arte. Repensar. Recuerden esta palabra, la vamos a necesitar. Sin un arte que genere incomodidad, sin unos escritos que nos obliguen a dudar, sin un motivo por el que luchar, ¿qué nos queda? Consumir en nuestras casas convertidas en búnkeres del confort.

Son necesarias políticas que cuestionen los paradigmas establecidos y que a la vez busquen la inclusión de todos los colectivos pero debemos tener cuidado de no caer en la censura por blanqueamiento a la que parece que nos dirigimos a pasos agigantados y que puede dejarnos un mundo pulido pero menos libre y sin memoria. Hay que tener cuidado con el detergente que utilicemos. ■

 

Perfil del autor

Guillermo Ramírez

Guillermo Ramírez Torres es graduado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla y Máster en Arte: Idea y producción en la misma institución. En el año 2015 obtiene una Beca de Colaboración realizando diversas tareas dentro del Departamento de Escultura e Historia de las Artes Plásticas de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Es uno de los directores y editores de la revista de arte elRespirador, tarea que compagina con proyectos de diseño editorial para diferentes entidades como la Diputación de Sevilla o la Fundación de Artes Plásticas Rafael Botí (Córdoba).

Recientemente ha realizado su segunda exposición individual bajo el título Hasta que cae el andamio en el Espacio Laraña, donde reflexiona sobre conceptos como el cuerpo en ruinas, la enfermedad y la vulnerabilidad. Del mismo modo ha participado en varias exposiciones colectivas entre ellas en las subastas benéficas SOLIDOWN II y III, en la galería ELBUTRÓN; en la muestra Agarrar el agua, y sin embargo se mueve, en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), o en el XXII Certamen Nacional de Artes Plásticas, convocado por la Universidad de Sevilla, donde fue uno de los artistas finalistas. Así mismo, obtuvo una de las Menciones de Honor en el XV Certamen de Creación Joven convocado por el Ayuntamiento de Sevilla. Durante el año 2016 realizó una residencia artística en el C.A.V. La Neomudéjar.

En la actualidad cursa el programa de doctorado Arte y Patrimonio de la Universidad de Sevilla, así como el Máster en Filosofía y Cultura Moderna de esta misma institución.

Más información

Accede a más vistas desde la ventana indiscreta clickando aquí.

 

Imagen: Pieter Brueghel el Viejo | El combate entre Don Carnal y Doña Cuaresma (1559).