BELLA OPACIDAD, TERRIBLE OPACIDAD | INCONTINENTES DE RAFAEL PEREZCORTÉS

Rafael perezcortés presenta INCONTINENTES, una propuesta expositiva para la Sala EP 2 del Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), donde dispone relaciones entre la fotografía, el espacio, la luz, el sonido y una serie de piezas instalativas de gran formato que integran al espectador en la obra.

BELLA OPACIDAD

Quizás el viajero romántico buscaba un encuentro con lo sublime a través de la naturaleza, una que especialmente se mostraba opaca, terrible, apabullante y que nos recordaba nuestra propia condición de seres efímeros. Así lo describía Edmund Burke cuando aludía a las características de lo sublime. En nuestros días es fácil sentirse apabullado ante la inmensidad de datos, noticias, imágenes que consumimos y que no dejan de atravesarnos. Decía el mismo John Berger en alusión a la publicidad que nosotros no la encontramos, sino que ella nos encuentra. Este mismo paradigma puede aplicarse precisamente a toda la información que a cada segundo procesamos. Y podríamos decir que tienen dos movimientos: aparecer y desaparecer.

Esta tensión es la que se puede sentir en Incontinentes, la instalación que el artista Rafael perezcortés ha elaborado para la Sala EP2 del CICUS. En las piezas que la componen el espectador se ve imbuido en un espacio acotado que prepara con minuciosidad el artista. Entre las dos pantallas emerge un lugar para la conciencia de la fragilidad colectiva. Su representación es puramente territorial pero se articula como un punto de ida y vuelta, del yo al nosotros; de la sociedad al individuo. En una de las proyecciones vemos un islote que se va cercando lentamente por mástiles de bandera, paradoja poética de extremada finura para hablar de las fronteras, ideologías y la exclusión. A esta potencia discursiva hay que añadir la cuidada estética de la imagen que bien podría recordarnos a las mejores obras de los pintores romanticistas en las que la densa bruma contribuye a potenciar una atmósfera de misterio. En la otra imagen vemos un mar en aparente calma en el que las boyas aparecen marcadas con coordenadas de espacios que nos remiten a lo público y a lo privado ya que aluden a lugares turísticos. Tanto la frontera como límite y las coordenadas son elementos presentes en otra parte de la instalación, precisamente en el exterior, donde en diferentes láminas de metal distribuidas por todo el espacio se consignan las latitudes de lugares marcados por las fronteras, tierras de nadie que se presentan como imágenes latentes en nuestro imaginario.

BELLA OPACIDAD

Si en cada extremo de la sala tenemos dos proyecciones que derraman luz -algo sutilmente elaborado por el artista y que alude al propio título de la instalación-, en el espacio contenido podemos ver textos escritos sobre la propia pared, y que estimulan una potente sensación de extrañamiento. Titulares de prensa que aluden a nuestra experiencia colectiva mediática pero que somos incapaces de descifrar sin el correcto código. Se trata de un aislamiento que va más allá de los límites físicos, y que nos hace sentirnos desvalidos ante una inmensidad imprevista. Tal vez deje lugar para la interpretación metafórica del mismo arte, que se esconde en su código, alejándose y jugando con el lector/espectador, haciendo poesía e interpelando a la acción.

Más allá de todo esto, los textos escritos con tiza sobre los desnudos muros con ladrillo visto característicos de este espacio, son una perfecta metáfora de lo que representan. Estos textos no son más que titulares de grandes noticias que todos hemos leído en las cabeceras de los medios de comunicación, cada uno en su idioma original. ¿Quién recuerda las manifestaciones del 15-M que llenaron las plazas de personas? ¿Qué fue del Ébola, la pandemia que tantas vidas segó hace unos años y que aún lo hace, aunque no sea noticiable? Estos y otros titulares se esconden en su propio lenguaje, metarrelatos de sí mismos. El espectador al acercarse para leer estos textos se ve sorprendido por un foco que los ilumina pero que tan rápido como llegó se marcha. La clave que da sentido a esto se encuentra en uno de los propios textos y viene a recordarnos que “el recuerdo olvida”, así desaparece y se pierde en la inmensidad.

Sin embargo, hay otro elemento que no puede ser elidido y que requiere de una mención especial: el sonido. Esta instalación no puede ser experimentada al completo si no es con este elemento que refuerza la tensión antes mencionada. El mar y su batir ponen en contexto al espectador entre las dos grandes proyecciones que cierran el espacio pero que repentinamente se ve interrumpido por el sonido de un helicóptero que se acerca, nos “sobrevuela” y se va. ¿Qué querrá? ¿Nos vigila? ¿Puede ser nuestro salvamento? No lo sabemos. Tan solo va y viene, como el mar, como las noticias, como nosotros. ■

 

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Imágenes: Vistas de la instalación Incontinentes de Rafael perezcortés en el CICUS © Rafael perezcortés. Cortesía del artista.